`Criptotenedores´, a la 389

Todos los esfuerzos que llevan a cabo las autoridades monetarias en su lucha contra la falsedad de los medios de pago, en particular, los relativos a la moneda y a los billetes, bien parecen destinados al disparate, al absurdo y al disparate. Porque en su trabajo por el control de la liquidez en manos del público, anuncian estar volcados en el control del mercado de las monedas bitcóin, y que los inversores en criptomonedas están, en lenguaje coloquial, fichados por Hacienda.

En este sentido puede ser interpretado el embate de Hacienda hacia los inversores o simples tenedores de las crípticas monedas, a quienes ya se ha dirigido por escrito con un mensaje advertencia para recordarles que no se olviden de declarar las plusvalías obtenidas en las operaciones con las citadas nuevas divisas. Seguramente ya estaban informados los casi 15.000 contribuyentes controlados de los que se sabe poseen criptomonedas, que los beneficios generados por las operaciones constituyen rentas sujetas al IRPF en tanto que ganancias patrimoniales y por ello a la casilla 389 de la dolorosa declaración.

Cabe preguntarse si la irrupción súbita de Hacienda en este mercado era necesaria, oportuna, inteligente, adecuada o responde a un tipo de reflejo con el que pretende reivindicarse como el gran hermano de las rentas, de las operaciones financieras y de los movimientos patrimoniales generadores de beneficios. Mientras no se tenga una respuesta al respecto, también cabría preguntarse si el ministerio cuenta asimismo con los medios y conocimientos necesarios para controlar y gestionar las operaciones realizadas en el extranjero por plataformas difícilmente localizables y que son las más numerosas y voluminosas. Parece un brindis al sol. 

El bitcóin es un activo especulativo cuyo mercado es probable que tampoco cuente actualmente con unos límites muy definidos. Precisamente sería esta una de sus virtudes. Los riesgos de estafas, pérdidas repentinas y siderales fluctuaciones de precios lo convierten en una, digamos, `divisa´ de juego especulativo, más cercana al parchís y al bingo. Como también en las antípodas de la referencia con la que interesadamente se le quiere comparar: el oro. Extraña sorpresa la iniciativa de la Hacienda española advirtiendo a los `criptotenedores´ españoles que deben `cantar´ lo suyo en la 389, dando carta de valor a lo que iba camino de reducirse a la categoría de curiosidad.