Cuadrar a lo germano

Se había dicho y `vendido´ que lo del buen gobierno y la responsabilidad social y demás eran asuntos que mejorarían la praxis de los empresarios, la estabilidad de los trabajadores, el eficacia de los servicios y un montón de cosas más, todas ellas de buen agrado de los clientes. Pero resulta que algo ha debido fallar en la explicación o en la comprensión para que la realidad poco o nada tenga que ver con lo declarado y comprometido.

Se trata de los alemanes de Volkswagen, de las fechorías de su cúpula directiva en el asunto de la emisión de gases de sus motores diésel, al parecer un engaño que terminó, como se sabe, en escándalo global y reprobación monumental. El fiasco se despachó con algunas dimisiones en la cabeza del grupo que, con mejor criterio debería haberse cargado a la cúpula en su totalidad. Por lo visto, buen gobierno y responsabilidad social encuentran un primer límite en el equipo directivo.

Llama la atención que las normas de la automovilista nada decían acerca de que los damnificados, los que pagan el pato y los platos rotos, los que, como siempre y de costumbre, son los mismos, serían los trabajadores, habida cuenta que a consecuencia del escándalo dejarán la compañía unos 30.000 empleados, nada más y nada menos. El número responde a que el tamaño de las pérdidas por las reclamaciones del fiasco será de grueso calibre y que, por tanto, algo habrá que hacer.

Qué fácil y sencillo, a la par que innata inteligencia y astucia la de estos germanos cuando se ponen a cuadrar las cuentas, al parecer insatisfechos por haber cuadrado las emisiones -con trampa- van y no se detienen ahí, si no que para seguir cuadrando despedirán a los 30.000 empleados para, además de saldar multas y reparar daños, invertir en hacer coches más limpios y menos contaminantes. Pero esta vez, por favor, que sea sin trampa.