”Diversificar” por nacionalidad

El Gobierno portugués confirma el veto a la `españolización´ de su banca

Bruselas dice basta ya de ayudas estatales y Portugal elige capital chino, aunque con limitaciones para repatriar beneficios, cuando lleguen
Juan José González
La banca portuguesa tiene un problema tan grave como viejo: su falta de rentabilidad. A esta histórica carencia hay que sumar, además, que sus pérdidas son cuantiosas y que la suma de uno y otro se salda con la inyección permanente de notables ayudas de liquidez del Estado portugués. El escenario no es nuevo, pues los intentos de sus autoridades por atraer capital exterior acaban siempre en fracaso, sin conseguir el desenganche del Presupuesto del Estado de tan pesada carga financiera. La novedad, quizá sorprendente, es la autorización del banco central portugués para que inversores chinos tomen posiciones en el capital de algunas entidades financieras, posiciones que ya estaban ocupadas, o cerca de producirse, por entidades españolas, y a las que las autoridades políticas y financieras han decidido poner freno y limitarlo a las ya implantadas. Desde Bruselas apremian a las autoridades para que encuentren una solución a tan calamitosa situación de pérdidas de los mayores bancos -sistémicos a nivel local-. Es aquí donde encajaría el desembarco de los inversores chinos, de los que se espera que aporten algo más que capital, y no se dediquen sólo a repatriar los beneficios, la acusación reiterada de las autoridades portuguesas a la banca española.
El escenario del sector bancario portugués, salvo alguna excepción -donde, por cierto, desarrolla su actividad una entidad española, Caixabank en BPI- es el típico de cualquier drama financiero necesitado de una intervención urgente, de una reestructuración sin mayor dilación. Es la opinión de una parte de las fuerzas políticas lusas que están en línea con lo que piensa el Banco Central Europeo (BCI) hasta ahora en actitud tolerante y hasta condescendiente con el estado de pérdidas reiteradas de los principales bancos del país luso. Claro que hay otra parte de las fuerzas políticas del país que tiene otra opinión, al parecer, dominante. 

El ejemplo más próximo data del último mes de mayo, cuando el presidente de la República portuguesa se unió a las consideraciones que un grupo de 15 exministros y exgobernadores del Bando de Portugal realizó y plasmó en un manifiesto contra la españolización de la banca. Fue la primera advertencia explícita -y negro sobre blanco- de las autoridades lusas por el temor de la llegada de capital de otros países a un sector de escasa rentabilidad. Aunque, la realidad es que la reacción fue debida al interés mostrado por Santander Totta en adquirir el tercer banco portugués, Novo Banco. 

La operación, en caso de haberse producido, habría convertido al Santander en la primera entidad financiera del país con el 36% del mercado, y que, unido al resto de participaciones de la banca española en otras entidades bancarias del país, hubiera supuesto cerca del 55% del sector. Por tanto, la advertencia del presidente parecía responder a una cuestión de "emergencia nacional ante el riesgo de pérdida de control de las finanzas nacionales", según reza uno de los párrafos de la misiva del jefe del Estado al presidente del Gobierno luso.

La resistencia del Gobierno portugués a que su sector bancario privado llegue a caer en dominio de un único país extranjero (en referencia a España) provocó la creación de un equipo de expertos que sigue desde entonces los movimientos societarios del sector bancario así como de sus inversiones en el país, en empresas, en deuda pública y en crédito a particulares. Las conclusiones de este equipo parecen materia reservada de Estado, aunque en una ocasión llegaron a confirmar "un hecho sobresaliente" como que el peso de la presencia española en la banca portuguesa ya superaba el 54% en la suma de los diez primeros bancos por cuota de mercado en mayo de 2016.

Desde entonces, la banca española, aceleró su retirada del sistema bancario vecino, BBVA se quedó con doce oficinas de las 90 con las que contaba, Sabadell consideraba perdida su inversión (como quedó patente esta misma semana) y Santander cambió su estrategia pasando de querer liderar el sector a jugar un papel secundario, de "low profile" como asegura una fuente y Bankinter se mantiene en una posición discreta en tanto que Caixabank se salva del "veto" de las autoridades lusas.

Quizá la creencia popular más extendida en el país vecino tenga algo que ver con la resistencia de sus autoridades a que su sector financiero sea `colonizado´ -españolizado dicen- sin más por unos vecinos (españoles) que sólo buscan la repatriación de beneficios y que nada, o muy poco, aportan al desarrollo de las empresas portuguesas. Se desconoce la aportación que vayan a realizar en empresas y en entidades financieras los inversores chinos que acaban de aterrizar en el país. Pero no cabe duda que tardarán en poder repatriar beneficios, al menos, deberá pasar un tiempo hasta que logren obtener resultados positivos. Aunque las experiencias previas no dicen mucho en favor de los inversores asiáticos.