Sin Unión Bancaria Europea es fácil competir con los bancos

El BCE, incapaz de frenar el empuje de las tecnológicas en el sector bancario

Bajo la coartada del modelo de negocio tratan de evitar la ficha y la regulación bancaria europea
Juan José González
Las `big tech´, las grandes tecnológicas que aspiran a convertirse en suministradoras de todos los bienes y servicios a todo tipo de usuario, han dado un paso de gigante en su estrategia comercial que les enfrenta al sector bancario. En principio, las compañías tecnológicas aseguran en sus mensajes una sospechosa falta de interés por adquirir la naturaleza de una entidad financiera, no parece que en su discurso se reconozca la intención de convertirse en entidad de depósito, si bien, no rechazan que sus servicios, con la intermediación de los bancos, faciliten y ofrezcan los pagos. Rechazan, en principio, ser un banco pero no renuncian a operar con el dinero de los particulares, lo que equivale a aceptar la sustancia básica de un banco: la intermediación. En este quiero pero no puedo, o al menos, en la intención de las tecnológicas (Apple, Google, Amazon y Facebook) por operar o intermediar operaciones financieras, como son los cobros y los pagos (depósitos todavía al margen de cualquier discurso) las compañías se están encontrando con una barrera difícil de superar: con el Banco Central Europeo.
El BCE es la regulación -el regulador- el filtro obligado, la legislación vigente y el `dueño´ de las licencias, de las fichas bancarias. Pero la diversidad de los países y, sobre todo, el retraso en los trabajos que deben conducir a la Unión Bancaria Europea se están convirtiendo en los aliados ideales de las grandes tecnológicas. La estrategia de estas pasa en la actualidad por llevar a cabo movimientos cortos, puntuales y localizados en países europeos mediante licencias como la acaba de conseguir Google como entidad de pago en Irlanda y Lituania.

La avalancha de las tecnológicas en su asalto a la intermediación financiera ha pillado a los bancos centrales de los países miembro de la Unión Europea, en plena discusión sobre qué hacer con las agresivas y rápidas tecnológicas para supervisar sus movimientos y actividades en el sector de los servicios financieros. Lo cierto es que hacer frente a las Apple, Amazon, Facebook y Google no parece una tarea sencilla y mucho menos posible en un corto espacio de tiempo. Las tecnológicas son más ágiles y se han movido con rapidez y, como se está revelando, por separado, con estrategias similares pero individualmente.
 
El quid de la cuestión que discuten estos días los bancos centrales en la sede del BCE es dilucidar cómo obligar a los nuevos e inquietos intermediarios a someterse a la regulación ya fijada por el BCE para las entidades financieras sin un análisis preciso de su negocio y servicios que prestan. Cómo podría el BCE exigir a las tecnológicas, por ejemplo, las ratios de seguridad y solvencia que exige al sector financiero o al asegurador. O cómo se debería obligar a las grandes compañías de ese sector a cumplir la última Mifid.
 
Puede que la falta de unanimidad europea y la falta de acuerdo de los bancos centrales de la Eurozona para cerrar de una vez por todas la Unión Bancaria sea en la actualidad el principal aliado de las tecnológicas en su avance en Europa. Como tampoco supone un freno la ausencia de obligaciones concretas para respetar la competencia en el continente europeo. Mientras no estén obligadas a observar la regulación que fija el BCE, las tecnológicas seguirán teniendo el terreno abonado para burlar al supervisor financiero central. La diversidad de regulaciones de los países miembro de la UE es, por el momento, el mejor socio y aliado de las tecnológicas para intermediar servicios financieros.
 
Y sin barreras de entrada las tecnológicas se agarran a las licencias fintech para operar en varios países de la UE (Reino Unido, Irlanda y Lituania). Licencias que les permite operar pagos con tarjeta, con posibilidades de financiación a los titulares, procesar recibos y realizar transferencias, es decir, casi el 70% de las utilidades o servicios bancarios que utilizan los clientes de una entidad bancaria. Tan sólo les restaría la posibilidad de gestionar la captación de fondos, cuentas corrientes, de ahorro, suscripción de valores de renta fija y variable y financiación hipotecaria.
 
Los movimientos que ya puede llevar a cabo una tecnológica actualmente en algunos países de la Unión Europea se pueden considerar como un adelanto de los movimientos u operaciones que no puede realizar. Porque el mayor interés de estas compañías, el control y dominio sobre la información que procesan como consecuencia de su actividad, ya lo tienen en propiedad, luego sólo les falta que el regulador exija una ficha bancaria para operar en régimen de competencia directa con las entidades bancarias. Y para ello estarían obligadas a normalizar su modelo de negocio y que, como cualquier intermediario  estaría obligado a poner precio a sus servicios y a cumplir con la regulación bancaria vigente. Aunque para todo esto deberán pasarán de uno a dos años. Al menos.