Un año sin contabilizar morosos

El cambio de las reglas del BCE, único remedio para salvar las cuentas de la banca

La timidez de las medidas económicas del Gobierno plantea serias dudas sobre si la recuperación de las cuentas bancarias se producirá en un año, en dos o en tres
Juan José González
Planes y previsiones, trimestrales y anuales han saltado de repente por los aires. Han abandonado el papel para perderse en un abrir y cerrar de ojos estimaciones, previsiones y presupuestos, planes para un ejercicio complicado pero con margen de gestión suficiente para cuadrar unas cuentas razonables, acordes a la velocidad que marcaba el crecimiento de la economía. Y de repente todo se vino abajo, márgenes que ya no se cumplirán porque el volumen de actividad y operaciones serán inferiores a los previstos. También se dejará notar la menor aportación de las comisiones que, como se sabe, tenían su principal caladero en las redes de los fondos de inversión y que, a juzgar por los movimientos de los últimos días están reduciendo saldo como consecuencia de los reintegros de particulares.  Las familias pedirán menos crédito, al contrario que las empresas, que necesitarán más capital pero que no parece que vaya a suponer un gran problema si se tienen en cuenta los avales que proporcionará el Gobierno. Y en este mar revuelto de cambios e inestabilidad asegurada, las labores de Luis de Guindos en la adopción de medidas destinadas al sector bancario europeo se han dejado sentir en varios puntos del primer informe que tuvo sobre la mesa Christine Lagarde, la presidenta del BCE el viernes de la pasada semana.
Ese informe recogía medio centenar de medidas, propuestas para suavizar el golpe que los bancos van a recibir por la crisis sanitaria, y una de ellas, la considerada por el sector como la medida estrella, se refería a la interrupción de la obligación de provisionar una parte de los créditos que comenzasen a ser impagados por causas relativas a la crisis sanitaria, lo que en la práctica significaría que los morosos no afectarían a las cuentas de resultados, y que esta medida podría aplicarse en el presente ejercicio y parte del segundo, en 2021. En caso es que el Banco Central Europeo ha procedido a hacer lo que parece ser aceptado por todos, Alemania inclusive, que no es otro que un cambio en las reglas de juego. 

Y los bancos europeos han saludado la intención del supervisor con satisfacción contenida, pues a la hora de la verdad una cosa es lo que se dice en Fráncfort y otra lo que se aplica en cada país. Claro que, una moratoria no es un término cualquiera y en cuestión de provisiones se convierte, probablemente, en la clave de bóveda para los resultados de la banca, no para salvar a algunas de las pérdidas, sino para suavizar el golpe. Por tanto, los bancos acogen el citado cambio de planes del BCE con cauto y medido optimismo y a la espera de ver cómo evolucionan las medidas locales de los Ejecutivos.

En este punto se encuentra ahora la duda, la incertidumbre sobre si el Gobierno, después de anunciar que destinaría 200.000 millones de euros para dotar al sistema de la liquidez necesaria (en realidad, 100.000 millones del Estado para avalar otros 100.000 millones del sector privado) esta puede considerarse suficiente, en tanto que representa el 50% del aval de los préstamos de la banca, o bien, será necesario que el Estado se atreva con más y suba el aval hasta al menos el 70%. Inicialmente, el mensaje del Gobierno ("se hará todo lo que tenga en su mano") venía a confirmar que estaba dispuesto a sacar la artillería para dar la batalla.

Pero una vez que comenzaron a correr las cifras, se comprobó que la artillería no era la pesada, sino la ligera, muy ligera. Según parece, se apoya el artillero español en el calibre pesado de la artillería del supervisor europeo bancario que considera suficiente y bastante como para que las entidades bancarias no entren en pérdidas. Es cierto que la regla del juego que cambia, la moratoria para las provisiones que hubiera como consecuencia de los impagados de los nuevos créditos, es un hecho que se considera histórico, pues no se recuerda tanta indulgencia europea para el sector bancario. En todo caso, con ser histórica la moratoria para los impagados (menos provisiones) las medidas adoptadas se consideran insuficientes para salvar el ejercicio. 

La crisis se produce al borde de finalizar el primer trimestre, y las previsiones ya indican que el segundo trimestre las cuentas seguirán `heridas´. Algunos cálculos del sector bancario apuntan a una caída de los resultados superior al 35% de media, lo que se traduce en que varios bancos españoles se dejarán más del 58% del beneficio mientras otros, los más grandes, la caída será menor del 15%. Ahora la duda está en despejar si esta singular situación de las cuentas bancarias se reducirá al ejercicio presente, a dos o a tres. La respuesta, los resultados, obligará a ampliar las medidas del Gobierno.