El negocio de la banca sufre en toda Europa los efectos de la política monetaria en varios frentes

El BCE teme el efecto de los tipos de interés negativos prorrogados este mes sobre los balances bancarios
Carlos Schwartz
El Ibex 35 para la banca ha caído en un año en torno al 23% reflejando el deslizamiento de los valores bancarios en general. El deterioro de la cotización de las entidades de crédito no es privativo de España. El índice Eurostoxx 600 para la banca ha subido en lo que va de año un 5,5% comparado con el 12% que ha subido el índice general Eurostoxx 600. Este malestar de los inversores se verifica en que el valor de los bancos en el índice está un 71% por debajo de su valor en libros comparado con los comienzos de 2018 cuando el valor en el índice era del orden del 100% del valor contable. El pasado miércoles, en una conferencia en Francfort, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, introdujo el tema desde el punto de vista de la preocupación del regulador del sector. La política expansiva del BCE lleva ya cinco años, y en contra de las previsiones del año pasado, este mes anunció la prórroga de la política monetaria que implica tipos de interés negativos y liquidez vía la adquisición de deuda. El anuncio tuvo un efecto inmediato sobre la rentabilidad de los bonos que cayó y afectó a la cotización de los valores bancarios. La actual política monetaria tiene efectos diversos sobre los balances bancarios. De un lado estrecha el margen de intermediación, el negocio bancario típico, que desde hace cinco años sufre un deterioro imparable. Pero también afecta indirectamente, porque la política monetaria del emisor europeo supone una inevitable baja rentabilidad de la deuda pública, a menos que los procesos de inestabilidad política golpeen a las puertas de los emisores.
Un problema que afecta de momento en especial a Italia, cuya banca lucha por deshacerse del legado de los créditos improductivos. A tal extremo que algunas fuentes del sector han mirado con suspicacia a la decisión del BCE y la han considerado un gesto de despedida de Draghi como deferencia hacia la banca de su país.

La lógica de esta política monetaria es que la liquidez que entra al sistema financiero reactiva la economía porque ofrece crédito a bajos tipos de interés a las empresas y a las familias incentivando la actividad económica y el consumo. Fuera del debate acerca de la utilidad de esta política, uno de cuyos efectos secundarios es la tendencia a formar burbujas especulativas por la ausencia de inversiones productivas rentables, el BCE ha decidido tener en cuenta sus efectos perniciosos.

Draghi se refirió tangencialmente al problema al señalar que el banco emisor intentaría mantener los efectos benéficos de esa política y vigilaría sus efectos colaterales. Señaló al respecto que se controlaría que los bancos “mantengan condiciones saludables de beneficio mientras los márgenes netos de interés sigan bajo compresión”. Esta es la primer admisión oficial de un alto funcionario del BCE sobre el efecto indeseado de la política monetaria que se lleva adelante desde hace mucho tiempo. La cuestión es cuáles serán las medidas que el BCE adopte para mitigar esos efectos. 

La gama de posibilidades es amplia pero los analistas se inclinan por el modelo suizo en el cual un sector de la banca está exenta de pagar al banco central para dejar sus depósitos en sus arcas. Ciertamente, los costes de esta política económica son difíciles de ser trasladados a los clientes por el cuadro generalizado de bajos tipos de interés de un lado y por la creciente cultura financiera de la población que le discute a los bancos hasta el último céntimo de sus cuentas corrientes. Por añadidura las dificultades económicas que se han comenzado a prefigurar en Europa, como la recesión en Italia y la desaceleración -de momento es solo eso- en Alemania, llevan a los analistas a considerar que los malos tiempos para los bancos no se han acabado.

El sector en Europa está además bajo la influencia de los traspiés bursátiles en algunas grandes entidades como Société Générale en Francia con una caída del 8,4% en su cotización este año, ABN Amro en Holanda con una caída del 6,6% este año y UBS (-3,4%). Respecto de esta situación un analista del fondo Hermes Investment Management señala que el mercado bursátil o bien está descontando una gran recesión en ciernes, o manifiesta desconfianza hacia la calificación que estas entidades hacen de sus propios activos. Desde luego ambas posibilidades son alarmantes, pero una combinación de las dos puede arrasar el valor en bolsa de muchas entidades en Europa. 
En cualquier caso hay un sector importante de los analistas que piensan que los títulos bancarios pueden convertirse en una trampa, porque pese al precio más que moderado de las acciones bancarias, estas pueden tener aun recorrido hacia abajo. Por el contrario las acciones de las empresas han recuperado brío porque el coste de la financiación no va a subir tan de prisa como estaba previsto aunque ha surgido el problema de que la desaceleración económica va a socavar los ingresos, y por lo tanto los beneficios de las empresas.

El efecto sobre los bonos de deuda pública ha sido una caída de su rentabilidad, y en algunos casos ha determinado una rentabilidad negativa, como en el bono alemán a 10 años, el Bund. Este clima es especialmente adverso para la banca alemana cuyos fundamentos están corroídos hasta la médula. Pero es que además de este elemento de fondo, el 70% de los ingresos de los bancos del país se nutre del margen financiero, es decir de la diferencia entre el coste de los recursos y la rentabilidad de los créditos. Este es el cuadro que empuja a Deutsche Bank y Commerzbank hacia una fusión. La caída de la rentabilidad de los activos por los bajos tipos de interés se suma al inmenso problema de las pérdidas ocultas, y la vía de una recapitalización puede requerir la presencia del estado en el capital de la entidad resultante. Algo que de por si está garantizado porque el estado tiene el 15% de Commerzbank a consecuencias de la crisis financiera de 2008.

Esto implica que los bancos de Italia y de Alemania son los dos problemas clave a los que el BCE deberá atender en el futuro inmediato. Y ninguno de los dos tiene fácil solución, más bien lo que se insinúa es una cronificación del problema involucrando al estado. Finalmente queda un tercer frente, el de los quebrantamientos de las normas en vigor, como es el caso del lavado de dinero que ha afectado a la banca nórdica, desde Danske Bank hasta Swedbank. Los escándalos que han afectado a ambos, han golpeado de forma severa su valor en bolsa, entre otras cosas por la dimensión de las multas que deberán pagar. Nadie está exento, en un sentido muy general, de ese riesgo y el caso de la banca nórdica es un recordatorio del problema.