El oro se mantiene cerca de su máximo de seis años por la expectativa de más recortes en los tipos

El metal ha recuperado brío, a pesar de no generar ingresos, por la creciente incertidumbre financiera
Carlos Schwartz
El precio del oro se fijó en 1.423,50 dólares por onza en el primer día de mercado esta semana, manteniéndose cerca de los 1.425 dólares, una cifra próxima al máximo registrado hace seis años. Los pronósticos de que la Reserva Federal va a reducir el tipo de interés de referencia por primera vez desde que inició el 'Quantitative Easing', tras la crisis financiera internacional en 2008, y una drástica caída en la rentabilidad de los bonos a escala internacional, han detonado el interés por el metal. El oro es tradicionalmente una inversión de refugio de los inversores ante la incertidumbre, entre otras cosas porque sólo defiende su valor, pero no genera beneficio a quien lo atesora, salvo su incremento de precio en épocas de tormenta monetaria. Es llamativo el hecho que los altos niveles de cotización del metal coincidan con el 75 aniversario del acuerdo de Bretton Woods en el cual se fijó una paridad de 35 dólares por onza de oro, que se derrumbó el 15 de agosto de 1971. Tras cuatro años de sostener la paridad mediante la intervención concertada de los bancos centrales, el oro acabó ganando la partida y la paridad se acabó. 
La clave de la apreciación del precio del oro es sin duda la volatilidad de los mercados, el temor a que la desaceleración de la economía internacional aumente y a que la guerra comercial entre Washington y Pekín acabe formando bloques económicos que fragmenten aun más el comercio internacional. Otros elementos de esta salsa están contenidos en la volatilidad geopolítica, con una gran signo de interrogación en el Oriente Próximo, donde los niveles de tensión con Irán se mantienen en cotas muy altas. 

Vale la pena concederle una breve reflexión al auge de las criptomonedas, que se han convertido en una clase de activos a pesar de su inmensa volatilidad, la ausencia de valor absoluto en ellas, y la posibilidad de manipulación de su cotización. En última instancia se las puede considerar un reflejo de la desconfianza de los inversores en las monedas de curso legal. Que estos intentos de sustituir la emisión monetaria de los estados por grupos privados encuentren eco entre los inversores, habla a las claras del momento económico en el que vivimos. Y la fantasía de una criptomoneda global emitida por una red social como Facebook, que es una plataforma digital, ha llevado este situación hasta un extremo.

Los inversores que compran el metal, o los que toman posiciones en el oro a través de los ETF en este activo, desconfían profundamente de la situación de las emisiones de bonos con rendimiento negativo. Esa desconfianza se extiende hacia la reanudación de las operaciones de estímulo económico de los bancos centrales del mundo, mediante la compra de activos públicos y privados, que pese a una prolongada intervención no han logrado restablecer el ritmo de crecimiento económico mundial a los niveles previos a la crisis financiera internacional. 

Un indicador de esta incapacidad por forzar un ciclo de crecimiento económico, es la baja tasa de inflación en las economías avanzadas y su inversa, las altas tasas de inflación en las economías emergentes más afectadas por la desaceleración económica como Argentina y Turquía. Uno de los signos de especulación exacerbada es la persistente fijación de récord en los índices de la bolsa estadounidense, con el Dow Jones en los 27.171,90 puntos al comienzo de esta semana. Una escalada que se presenta como infinita, pero que al mismo tiempo es uno de los principales signos de los daños colaterales de la política de estímulo monetario de los bancos centrales del mundo, en la medida que no hay negocios rentables para reproducir el valor del dinero ofrecido por los circuitos financieros de los bancos oficiales. 

Los fondos cotizados en bolsa (ETF) que operan en oro aumentaron sus posiciones totales por encima de los 80 millones de onzas la semana pasada. Pero los inversores y los fondos no estuvieron solos en esta acción, los bancos centrales llevan una temporada comprando oro. Es notoria en este sentido la actividad del Banco Central de China, y de los bancos centrales de Turquía, India y Rusia. Los cuatro son los principales compradores de oro a escala global. 

Los analistas esperan que la Reserva Federal anuncie un recorte de tipos de 0,25 puntos básicos la semana que viene, mientras que esta semana el Banco Central Europeo (BCE) deberá anunciar su política de tipos de interés en su rueda de prensa semanal, dos acontecimientos vigilados por los traders de oro a escala global.

Los analistas, mientras tanto, advierten que la operación de compra de oro no se hace sin riesgos, porque el mercado carece de una señal clara acerca de lo que va a ocurrir con la cotización del metal. “El precio del oro puede caer, lo que obliga a ser cauteloso. La tendencia, en cualquier caso, es hacia una apreciación del precio del metal amarillo.

Pero si los bancos centrales acaban modificando la política esperada por los mercados, las posiciones en oro pueden ocasionar grandes pérdidas a los inversores”, afirma una fuente que opera en el mercado de metales de Londres. La apreciación del oro no es una señal neutra. El precio del metal no aumenta por que si. Es el resultado del aumento de la demanda y esta no solo la ejercen los fondos de inversión y los particulares, también lo hacen los bancos centrales. Lo que el aumento del precio del oro resalta es la precariedad del equilibrio sobre el que reposa la economía internacional. El telón de fondo de esa precariedad está a la vista de todos, empezando por la desaceleración de la actividad industrial internacional.