En manos de la Virgen

Rafael Vidal
Los Presupuestos Generales del Estado, "los de la recuperación", han levantado la polémica que cabía esperar, con el rechazo total por parte de la oposición, numerosas críticas por parte de los técnicos y, del otro lado, la apabullante autocomplacencia del Partido Popular. Se mantienen congelaciones salariales, se consagra la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas, se constata el aumento de la deuda pública y de los costes de los intereses y esperamos que la Virgen del Rocío nos eche una mano.

Uno de los grandes males de la actual coyuntura económica española, cuyas causas están muy claras, es la caída del consumo. Dos de los aspectos que destacan los últimos presupuestos son la congelación salarial para los funcionarios y la caída del poder adquisitivo de los pensionistas. El efecto de estas dos medidas sobre el consumo va a ser muy evidente en breve, al tiempo que hay que señalar que nuestro presidente anda presumiendo en Japón de la devaluación salarial de la economía española, como clave para su supuesta competitividad.

Es obvio que si añadimos a la congelación salarial de los funcionarios y a la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas la devaluación salarial de la que presume nuestro presidente, tenemos una economía en la que las posibilidades de recuperación parecen remotas, si no media la Virgen del Rocío, claro.

Entre los numerosos discursos de las últimas semanas, me quedo con lo que dijo recientemente nuestro presidente: "vienen más sacrificios dolorosos y la austeridad durará todavía algunos años más". Si el que parece mandar en este grupo de ministros dice esto, ¿a qué viene vender unos presupuestos con escasa credibilidad como "los de la recuperación"?.

Es evidente que el consumo interno va a seguir bajando gracias a las medidas del Gobierno y que esperar de nuestras escasas exportaciones que hagan el milagro de que mejore la economía, es mucho esperar. De momento, dentro de unos presupuestos austeros, se recupera un 2,4% el gasto en cargos de confianza -tal vez empiece por ahí la recuperación- pero la cifra de paro de septiembre, con 25.572 personas más sin trabajo, ridiculiza la euforia que hace tan sólo un mes mostraban los miembros del Gobierno al cerrar agosto con 31 parados menos. Podemos asumir que sean bastante ignorantes, pero que nos consideren tan tontos empieza a escocer. Creo que creen que creemos en la Virgen.