Endesa torea al Gobierno

Que se tenga registro, Endesa lleva sin convenio colectivo desde enero de 2018 tras haber decaído el cuarto convenio en vigor hasta diciembre de 2017. La táctica de la eléctrica italiana no es otra sino la de funcionar al tran-tran, sin convenio, porque sin convenio no hay ley ni norma segura a la que recurrir en el caso de una reclamación laboral colectiva, léase, por despido o recolocación de un numeroso grupo de trabajadores. Y en recolocación y sin convenio en vigencia se encuentran nada menos que 1.000 trabajadores directos e indirectos.

A Endesa la han pillado con el carrito de los helados y en situación delicada en todos los frentes posibles, en aquellos en los que a ninguna compañía eléctrica le gustaría llamar la atención. Porque no es normal que un Gobierno, sea del color que sea, se deje torear por una empresa extranjera que sólo recauda beneficio para exportarlo y repatriarlo a su matriz italiana, una burla que no sólo bordea la norma sino que tiene toda la pinta de estar vulnerándola.

Se dice que la han pillado con el carrito porque la recolocación en cuestión es un peligro cierto que los ministerios de Trabajo y de Industria parecen haberse tragado. Porque la eléctrica italiana (que está sin convenio) pretende ahora un viraje de alto riesgo, precipitado, imposible, como es el cierre de su parque de generación de energía con la materia más contaminante y rechazada como es el carbón. Para que no lleguen las sanciones, los avisos, las protestas ecologistas de forma permanente y masiva a sus centrales, Endesa se ha declarado renovable en energías.

Y mientras dura lo que tiene pinta de farsa, cuento y coartada, la eléctrica se mantiene en una situación laboral ideal, esto es, sin convenio vigente, con reuniones y más reuniones con los sindicatos pero sin convenio ni horizonte para su aprobación. Así que, mientras tanto, Endesa da pasitos (zancadas) en su estrategia de giro renovable no sólo en fuentes de producción energética, sino también de capacidad laboral. Porque parece ser que la mejor estrategia para una empresa que anuncia el cierre de sus centrales de carbón es, precisamente, la ausencia de convenio colectivo.