Escáner para todos

La narrativa con sentido había previsto que las donaciones provocarían un día de estos, algún ruido inoportuno. Lo que no estaba previsto es que fueran a ser capaces de incendiar la opinión pública hasta los extremos alcanzados. Falta de previsión que no debe extrañar porque se da en un escenario de desorden político general. La crítica interesada y feroz hacia una donación, en este caso a la sanidad pública, con cargo de Amancio Ortega, acaba de provocar un incendio social y político que incluso parece cuestionar la dignidad de la democracia.

En la democracia más digna, hoy un tanto impensable, las sociedades contemporáneas, occidentales se mantienen con alto grado de legalidad asuntos tan polémicos como los paraísos fiscales. Y no pasa nada, ahí siguen vigentes, esperando nueva clientela, con todas las de la ley. La democracia que demanda dignidad, democracia en estado puro, parece poner mala cara a las donaciones y a los paraísos fiscales. Y ahí siguen. Mala cara también a las puertas giratorias incluso a las financiaciones de partidos políticos y ahí están, intocables.

La persistencia de este modelo, cínico e hipócrita, responde a una perspectiva sesgada del modelo de un mundo feliz. Y sus guardianes se arrogan vigilancia, mantenimiento y su conveniente engrase, de modo que se mantengan al día y en perfecto estado de uso, puertas giratorias y paraísos fiscales. El modelo, sui generis, admite estas `perversiones´, las consiente, las legitima y protege. No así las donaciones de ricos, convertidas en escándalo e ignominia social, incluso sospechosas de delito encubierto por minorar contribuciones fiscales legales.

Se supone que víctima del desorden social y ruido político excesivo, la consideración de una donación como un acto indigno, impuro, equiparándola con una limosna, debería remitirnos al manual básico de la democracia, es decir, proponer a la masa social la dignidad o indignidad de la donación de máquinas avanzadas de escáner. Máquinas que además bien podrían servir (también) para, de paso, hacer un análisis profundo y al detalle de algunos usos (y sus usuarios) y malas costumbres (y mal acostumbrados) adquiridas y exhibidas en estos últimos años de democracia. Todos deberían pasar por un escáner.