Ante el riesgo de descapitalización del Banco Central Europeo

Europa quiere que el BCE tenga las mismas funciones que la FED

Sería necesaria la reforma de al menos doce capítulos del tratado de la Unión Europea
Con su actual sistema de financiación, no podría afrontar otro caso como el de Grecia
Juan José González

Las economías que comparten moneda en Europa han cogido miedo a la crisis financiera. Los gobernantes se han visto atrapados en una espiral de riesgo que alimentaba más riesgo. El Banco Central Europeo (BCE) también se sintió –y se siente- atrapado por una situación que no estaba prevista más que en primera derivada; el BCE es un banco central que funciona con el esquema básico de un banco central, inyecta, drena, supervisa lo que puede y regula lo que le consienten sus socios. Pero si la situación empeora y se exige una segunda derivada, la función del BCE, o no llega o si llega no sirve. A la reunión de Toronto de este pasado fin de semana, han acudido los líderes europeos, los gobernantes, con la esperanza –ilusión- de ver cómo se acordaba entre todos los países integrantes del G-20 una respuesta a la segunda derivada. No pudo ser factible, Europa pinchó en hueso porque EE UU ha decidido aplicar al asunto la doctrina ‘que cada palo aguante su vela’.

La segunda derivada que preocupa a los Ejecutivos europeos no es otra que la imposibilidad del BCE de recapitalizarse. Los recientes episodios que se han producido en Europa ilustran el cómo y el hasta dónde puede llegar y ayudar un banco central de apellido Europeo. Y muestran la incapacidad para ayudar a un cliente o socio de la UE en la reestructuración de la deuda. Porque el BCE tiene unos fondos limitados, corre el elevado riesgo de descapitalizarse si uno de los socios necesita una reestructuración urgente de la deuda, caso de Grecia, pero la situación puede ser dramática en el caso de que necesite salir en auxilio de otro socio, por ejemplo, España, o Portugal, o Irlanda, o… quién sabe si Francia comienza a flaquear.

Los gobernantes europeos se sienten atrapados y con ellos el Banco Central Europeo. En ambos casos se trata de una situación entre la espada de las crisis puntuales como las citadas de Grecia, etc. y la pared de la legislación, de los tratados de la Unión Europea. No hay más. El BCE tiene todas las papeletas de un sorteo para descapitalizarse. Que el BCE se descapitalice significa que puede crear una crisis –otra- sistémica de carácter general, global, porque no contaría con la capacidad de pedir un préstamo a ningún ente soberano ni supranacional ni transnacional, y por tanto, no sería capaz de auxiliar y financiar a, por ejemplo, España, caso de llegar a una situación o estado de necesidad similar a la del país heleno.

Es una situación embarazosa, no prevista, o si prevista, no resuelta; es una pregunta sin respuesta, un problema real sin solución. De ahí que los gobernantes europeos regresen de Toronto con rasgos faciales que denotan preocupación. Pero como no hay mal que por bien no venga, la fase de epílogo en Canadá fue más fructífera que cualquiera de las reuniones a puerta cerrada que durante horas ocupó a los 20 gobernantes mundiales y unos funcionarios más.

En el epílogo se Toronto se sucedieron reuniones de pasillo, de hall de hotel, de entrada de comedor o de salón, en pie o sentados en butacas de salón. Quieren entre todos los gobernantes europeos detener ese mecanismo que se demuestra diabólico por el que el BCE puede entrar en quiebra al evitar otra quiebra, que a su vez puede provocar otra quiebra, y otra, y otra. Los gobernantes parecen haber elegido el modelo que creen que funciona, porque lo han comprobado y resulta. Es el modelo de la Reserva Federal norteamericana, del cual viven prendados los europeos en una espiral de envidia que se realimenta cada vez que algún socio europeo supera el 5% de rentabilidad del bono a diez años.

Cada vez que en los mercados se habla de default, se acuerdan del modelo de la FED norteamericana. Saben que el modelo funciona porque recuerdan aquella situación en la que para rescatar a la aseguradora AIG el organismo norteamericano pidió un préstamo al Tesoro para resolver la comprometida situación. Pero imitar el modelo FED en Europa conlleva hacer algo que en el continente puede ocupar el doble de un parto de los montes porque obliga a modificar varios capítulos del tratado de la UE.