BBVA no reacciona, pierde oportunidades

Goirigolzarri, entre Bankia y BBVA, como Mustier en Unicredit y Société Générale

Juan José González
Se ha levantado la veda de las grandes fusiones, caza sólo apta para los mejor dotados pero que sorprende a los cazadores españoles con la escopeta descargada. La coartada de la Unión Bancaria, agitada como bandera por las autoridades de Bruselas y Banco Central Europeo para animar la concentración bancaria y las fusiones transfronterizas, continúa surtiendo sus efectos. Y el paso adelante de dos grandes entidades europeas como Société Générale y Unicredit informan que el baile ha comenzado. No es el único indicador, pues significa también que las autoridades monetarias entienden que es el momento óptimo para las peticiones de mano. La entidad francesa y la italiana llevaban un tiempo muy corto de noviazgo, apenas unos encuentros. Pero contaban con un `familiar´ compartido, como es el caso del actual consejero delegado de la entidad italiana y no hace mucho tiempo consejero delegado del banco francés. Sería en esta fusión el eslabón, el enlace entre ambos, con información más que privilegiada de la que dispondría Jean Pierre Mustier, el artífice y motor de la fusión cuyo resultante le convertirá en un banco de 63.000 millones de euros pero el primero por volumen de activos de la eurozona. La coincidencia de Musnier en el epicentro de la operación puede tener su paralelismo en España en la persona del actual presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, antes consejero delegado en el BBVA. Claro que entre ambos se alza algo más que una barrera de activos y pasivos como es la personalidad del presidente de este último, Francisco González. Salvando las distancias, mientras que la suma de los valores en Bolsa de Unicredit y Société Générale se acercaría a los 64.000 millones de euros, la BBVA y Bankia apenas superaría los 61.000 millones. Aunque por otro lado, se podría asegurar que son complementarios geográficamente al tiempo que obtendrían numerosas sinergias y mejorarían notablemente sus ratios de solvencia y rentabilidad.
El pistoletazo de partida que puede dar lugar a la formación de grandes conglomerados bancarios ya se ha producido con el anuncio de fusión del italiano Unicredit y el francés Société Générale. Animados por las autoridades monetarias y con las debidas presiones políticas, las dos entidades han entendido que el futuro en el negocio bancario pasa por el tamaño. Y la fusión transfronteriza puede servir de ejemplo pero también de guía para que el resto de aspirantes a una gran fusión se animen y enseñen sus credenciales. Aquí ha servido de acelerador el convencimiento por parte de ambas entidades de que en el mercado se confirma la máxima que desde hace tiempo practican los bancos norteamericanos: el mayor tamaño es prácticamente una garantía de rentabilidad frente a los medianos y de fortaleza ante las adversidades.

Y camino de la eficacia, de la solvencia y de la rentabilidad Unicredit y Société Générale se lanzan a la aventura. Será un camino vigilado por el BCE, que contará con la ayuda de las autoridades locales y la asistencia política necesaria para que consiga el éxito, que no es otro más que formar una entidad más grande, sólida, solvente y a ser posible rentable, posible porque no parece que los resultados acompañen en una primera fase, al menos, en los dos primeros ejercicios de la fusión efectiva.

La operación coge desprevenidas a unas entidades españolas que parecen estar en otras batallas: Caixabank consolidando su compra en Portugal del PBI así como los negocios de Barclays Bank en España; Santander en plena digestión del Popular, como Sabadell del británico TSB, mientras permanecen en espera de destino BBVA y Bankia, pero sin olvidarse de Bankinter. Aguardan, por otro lado, BNP, UBS, ING, Barclays y una docena de entidades dispuestas o confiadas en que tarde o temprano hará acto de presencia algún pretendiente adinerado del sur, probablemente una entidad financiera española.

Las autoridades monetarias ya están considerando que la economía de la eurozona camina por la senda del crecimiento consolidado y que sin duda es la base para que las entidades bancarias puedan avanzar también en el mismo sentido de la consolidación del sector. Han considerado también que la limpieza de los balances parece ser suficiente como para comenzar a plantearse otros retos mayores y pendientes. Es, por tanto, un buen escenario, que se acerca al ideal (con las excepciones matizadas de algún socio de la Unión con excesivo y preocupante déficit) al que se llega con unas tasas de morosidad a la baja y con unas entidades bancarias reforzadas con garantías suficientes frente a nuevas turbulencias, un sector más saneado y sobre todo más solvente.

En este entorno no es difícil entender que Bruselas y el BCE hayan decidido que es el momento adecuado para abrir la puerta a las grandes concentraciones bancarias, la asignatura pendiente de las autoridades con la que dan por cerrado el sistema de seguridad frente a las futuras amenazas de crisis financieras. Lo cual, aunque no sea una garantía de eficacia, al menos, sí es una barrera de contención. 

Por otro lado, la nueva etapa de grandes fusiones bancarias se presenta al final de una etapa compleja para el sector, con fuertes dificultades para obtener rendimientos de la actividad bancaria, dadas las condiciones financieras impuestas por el BCE. En este sentido, el movimiento de Société Générale y Unicredit es la antesala del final del dinero barato. Ahora habrá que ver cuánto tiempo de espera piensan las autoridades que debe pasar hasta la primera subida de tipos.