Hacienda no somos todos

Rafael Vidal
Justo ahora que el Gobierno está deseando sacar dinero de donde sea, los inspectores fiscales le sugieren un buen caladero, la prostitución y las drogas blandas, dos apartados de la actividad económica que, curiosamente, dentro de poco habrá que incluir en el PIB por imposición de Bruselas.

Dicen los inspectores que la prostitución mueve alrededor de 18.000 millones de euros al año en España. Nada mejor que legalizarla y con ello el Estado podría ingresar hasta 6.000 millones de euros.

De las drogas blandas no se ofrecen datos, aunque pronto los conoceremos, pero también deben sumar lo suyo. Legalizándolas devolverían al Estado al menos una parte de lo que ahora se gasta en la persecución de su tráfico, por ser ilegal, con lo que ganaríamos todos. Hay que añadir que al día de hoy estas dos actividades, al ser ilegales, transforman en dinero negro automáticamente toda su recaudación.

Estamos -en realidad está el Gobierno- en una curiosa encrucijada en la que vamos a tener que contabilizar en el PIB dos actividades ilegales sin sacar de ellas ningún provecho, aunque al hacer crecer el dato del PIB parecerá que tenemos menos deuda, por ejemplo.

Volviendo a los inspectores, piden al Gobierno para los grandes evasores fiscales el ingreso automático en prisión. Actualmente se considera delito fiscal defraudar 120.000 euros por impuesto y año, con la particularidad de que se elude el delito reparando el daño, es decir, pagando lo defraudado, y reconociendo el engaño a la Hacienda pública. Algo así como ir a confesarse y salir a la calle con el corazón limpio.

Piden los inspectores que se eleve a 600.000 euros el delito fiscal, en parte para evitar la saturación de los juzgados, pero sumando las cuotas defraudadas con independencia de que procedan de distintos ejercicios o de impuestos diferentes, es decir, que si te pillan, te pillan por todo, no por fascículos.

La verdad es que las propuestas de los inspectores suenan bien, pero estoy por apostar algo a que van a caer en saco roto. Ideológicamente, al Partido Popular no le encajan ninguna de las tres cosas.