Optimismo político y financiero

La banca aprovechará la legislatura corta para concretar nuevas fusiones

Ahora, con un nuevo Ejecutivo, ya parece más apropiado y de recibo ”que dos o cuatro bancos se fusionen”
Juan José González
A juzgar por la euforia -contenida y controlada- de las cotizaciones bursátiles de los últimos días, las del sector bancario parecen estar enviando un mensaje de confianza, tranquilidad y nuevos aires al mercado y a la clientela, consecuencia lógica de la formación de un nuevo Ejecutivo. Porque los más de 300 días que ha supuesto la fase de gobernación interina han servido para avanzar muy poco en algunas asignaturas pendientes, como el restablecimiento de la actividad crediticia y la recuperación de los márgenes, así como también la paralización de cualquier iniciativa encaminada al cierre final de operaciones corporativas. Quizá la opinión de un alto cargo del Gobierno con residencia en Moncloa haya servido en esa fase para frustrar y/o frenar temporalmente cualquier intención de anunciar una fusión bancaria, al entender, en línea con el sentimiento oficial que "con un Gobierno en funciones no sería de recibo". 
Pero ahora el camino parece estar despejado, al menos oficialmente hablando, y los aspirantes a la fusión (o fusiones) puedan ahora salir libremente (más que antes) al escenario y anunciar si así lo desean la buena nueva. También es probable que el largo paréntesis haya servido para madurar mejor algunas iniciativas en marcha, a darle una segunda `pensada´, más vueltas a los proyectos de fusión, algo que nunca está más de la cuenta.

Lo cierto es que los últimos casi doce meses de `interinidad oficial´ han servido para constatar que, incluso en el caso de alguna operación de fusión en marcha, eso sí, desmentida por varias vías, como la de Banco Popular y banco Sabadell, el factor personal ha podido jugar un papel determinante para su aplazamiento o, también, su frustración final y definitiva, que, sin embargo, podría dar lugar a una intervención de las autoridades financieras o gubernamentales para lidiar en su `desatasco´.

Problemas de personalismo al margen, el sector bancario en general y las entidades más candidatas a llevar a cabo operaciones corporativas, han seguido centrados en su trabajo habitual: el ajuste de tamaño, el recorte de gastos y que en suma responde a la estrategia de `reajuste permanente´ implantada en el sector bancario. Porque si la crisis financiera, ya camino de su noveno cumpleaños, ha forzado la reducción de la capacidad instalada en el sector, con cerca de 74.000 trabajadores menos (de los 272.000 al inicio de la crisis en 2008) y el cierre de 14.650 oficinas, todo estos recortes no parecen haber sido suficiente.

Tras esa primera fase, llegó la segunda, una nueva rebaja, la digital, que ha logrado el efecto `lifting´ deseado en algunas entidades como en el BBVA y en el Santander, si bien, en ninguna de las dos consideran cerrada la fase de ajuste puesto que este es, `en la era digital´, de carácter permanente.

Cabría destacar que el citado paréntesis político ha dado de sí lo suficiente como avanzar en la tarea de ajuste, el cual se ha llevado a cabo con la entereza y el carácter sereno de los ajustes `silenciosos´, aplicados en el sector con la aguda fórmula de las prejubilaciones: una salida de 74.000 trabajadores en poco más de seis años, suele producir más ruido en otros sectores. Y han sido estos ajustes los que han facilitado las cosas para que hoy se pueda afirmar que los aspirantes a las próximas fusiones bancarias ya se encuentran en disposición de tamaño, capacidad y forma, y listos para la nueva faena.

Así las cosas, concluida la interinidad del Gobierno, hechos los ajustes precisos de red y plantilla, y con el optimismo del crecimiento económico `asegurado´ en 2016 y 2017, los inversores han regresado a España y al sector bancario, dando por hecho que la estabilidad económica, política y financiera se mantendrá en los próximos meses y sin fisuras de ningún tipo. El sector bancario puede estar haciendo una lectura demasiado optimista de la realidad y dar por hecho que la legislatura que ahora se pone en marcha puede ser de dos o tres años de duración, pero en todo caso, suficiente, para afrontar algunos de los planes de fusión en marcha y aprovechar el tiempo, no vaya ser que en un futuro no muy lejano las urnas vuelvan a obligar a otro paréntesis como el del último año.