EL DEDO DE MADOZ
Torre Dexia

La caída de Dexia alarma al Ecofin y cuestiona la regulación española

Carlos Schwartz

La caída del banco franco-belga Dexia, del tamaño del BBVA, asfixiado por la falta de liquidez, pero con un problema de fondo constituido por su cartera de deuda soberana y municipal europea ha renovado el debate sobre la recapitalización del sector bancario en Europa. A tres días de que el Banco de España diera por cerrada la capitalización de la banca en nuestro país en línea con el decreto ley 2/2011 la ministra de Economía, Elena Salgado, participaba ayer en Luxemburgo en una reunión del Ecofin centrada en cómo hacer frente a la percepción de debilidad y desconfianza de inversores institucionales hacia los bancos de Europa. Estos, con sus alforjas cargadas de deuda soberana de países que han sufrido aluviones de venta y descalificaciones, ven cerradas sus fuentes de liquidez y sufren ventas imparables de títulos en las bolsas.

Esta nueva vuelta de tuerca desencadenada por la crisis de Dexia insinúa un problema de la banca española que no parece haber quitado el sueño al supervisor nacional. La banca, pero en particular las cajas de ahorros por su peculiar estatuto pasado, están hasta los topes de deuda municipal y autonómica en un momento en que las autonomías y los ayuntamientos, cargados en algunos casos de deudas descomunales como algunas de las grandes ciudades padecen la caída de la recaudación tributaria que restringe las transferencias de la administración central y la recaudación local. Mientras, el Ecofin posterga hasta noviembre una línea de financiación a Grecia a sabiendas que el país carece de recursos para pagar sueldos y pensiones el mes que viene.

El coste del saneamiento del sistema financiero español hasta la fecha y desde la crisis desatada en 2008 asciende a 17.700 millones de euros. De esta cuantía puede que se recupere algo si la asistencia financiera hecha por el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) es devuelta al menos en parte. Algo ciertamente dudoso si se tiene en cuenta que muy posiblemente acabe integrándose en forma de capital ante la imposibilidad de devolver el dinero por parte de los afectados, o incluso de cumplir con las condiciones de los créditos del FROB, que no es dinero gratis. Tiene un interés de entre el 7% y el 8%. La cifra de coste no incluye desde luego los fondos que será necesario aportar a la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) como forma de quitar de su balance los activos dañados. De momento el Banco de España mantiene la esperanza de encontrar comprador para esta entidad. Pero queda claro de la aproximación que han hecho los potenciales compradores que nadie osará meter un cuarto en esa hucha a menos que haya un Esquema de Protección de Activos. Es decir un compromiso por parte del regulador de que los activos dados por buenos que se compren, si se tornan malos por un deterioro no venial, serán recomprados a su valor de venta por el FROB o el Banco de España.

Mientras el caballo de batalla de la administración española es que el saneamiento bancario español ha sido barato comparado con el de otros países. Es cierto, al menos en parte, pero para hacer sonar las campanas convendría esperar a que el saneamiento se acabe. Porque uno de los hechos más contumaces del escenario regulador español es que no ha habido ningún banco grande con problemas de solvencia en nuestro país a diferencia, por ejemplo, del Reino Unido o del franco-belga Dexia que se ha llevado en 2008 6.000 millones de euros en capital fresco el solo.

Pero la otra cara de la moneda es que en el contexto actual de crisis de deuda en la zona del euro, con la evidencia creciente de un deterioro en la situación económica en el corto plazo, dentro y fuera de nuestras fronteras, los requisitos de capital de los bancos del sistema financiero español se puedan incrementar hasta cifras del orden de los 20.000 millones de euros en forma conjunta si se aplican las reglas de Basilea 3 en un entorno de recesión moderada y se ajusta el precio de los activos de deuda soberana a sus precios de mercado. Esta cifra se dispararía hasta los 300.000 millones de euros para toda la banca europea en un escenario de mayor incertidumbre que llevara a los países de la periferia del euro a una situación de suspensión de pagos. Cifras de este orden han sido recogidas por el departamento de capitales de Nomura Securities y publicadas en un reciente informe. A la luz de la información preliminar de la crisis de Dexia, puede que se queden cortas. En este contexto la renovada crisis del banco Dexia es una señal de alarma muy clara. Es difícil que la crisis del banco ocasione trastornos directos serios, por ejemplo a sus impositores y clientes.

El banco está de hecho está en manos del estado francés y belga desde su crisis inicial en 2008. Lo que si ya ha hecho la caída de Dexia es estrechar el cerco de la liquidez a los bancos que tienen en sus carteras activos soberanos de países periféricos de la zona del euro y soberanos sub estándar, como es la deuda municipal. Dexia es un banco especializado en la financiación de gobiernos municipales, tanto de Francia como de Bélgica además de socio de referencia en un banco turco, Denizbank. También ha sido sumamente activo en deuda soberana de países de la zona del euro. Uno de los problemas de la entidad es que se le ha secado la liquidez por las suspicacias sobre su cartera de activo.

El banco desde hace tres años refinancia en el mercado de corto plazo una cartera de muy largo plazo que no puede colocar, de un lado porque no hay compradores dispuestos, del otro porque cuando los encuentra las ofertas son a precios que supondrían un quebranto imposible de asumir. Las solución pactada ayer tras una interminable reunión del consejo del banco ha sido crear una entidad a la que se traspasará la cartera de deuda soberana y deuda “soberana” sub estándar, es decir la municipal. La cartera que se colocaría a esa entidad de nueva creación sería del orden de los 200.000 millones de euros. Llamar a esa entidad un banco malo sería bautizarlo con condescendencia. Es decir que se trata de una inmensa operación de recompra de activos soberanos por los estados emisores de una parte de esa misma deuda.

Esto quiere decir que el banco que se ocupaba de resolver la financiación de los municipios de dos países de la zona euro deberá ser sustituido por alguna entidad, posiblemente estatal, que atienda esta necesidad en cada país. Las versiones ayer eran que la financiación de los ayuntamientos de Francia pasaría a ser gestionada por la Caisse des Dépôts et Consignations (CDC) algo así como un fondo soberano francés.

En España hay decenas de pequeños Dexia. Las cajas de ahorros que sujetas políticamente a los gobiernos locales han participado de forma activa en la financiación de ayuntamientos y autonomías. Hasta ahora el ministerio de Economía y el Banco de España han vivido de espaldas a esta realidad. De todas formas el proceso de ebullición en el que está sumergido el Eurogrupo es preventivo de un problema mayor al que no dan respuesta. O quizá haya que decir que la respuesta es la dilación a la espera de que el necesitado caiga. Hay que considerar al debate de recapitalización de la banca en Europa como una medida preventiva de la inevitable suspensión de pagos de Grecia. Dexia no ha hecho más que adelantar el calendario.