OBSERVATORIO DE COYUNTURA

La recesión se agudiza

SERVICIO DE ESTUDIOS DE `la CAIXA´*

Desde mediados de mayo las tensiones en los mercados de deuda pública se han intensificado. La prima de riesgo española con respeto al bono alemán se ha incrementado en este periodo, y en julio llegó a superar los 600 puntos. Ante este recrudecimiento de la crisis, se han tomado importantes decisiones de política económica.

Primero fue la aprobación de una línea de crédito de los fondos de rescate europeos de hasta 100.000 millones de euros para ayudar a reestructurar del sector bancario español. Posteriormente el anuncio de un nuevo paquete de medidas de ajuste fiscal por parte del Gobierno, que eleva las probabilidades de cumplir con los compromisos de reducción de déficit fiscal.

En este contexto, no es de extrañar que la actividad económica se haya continuado contrayendo durante el segundo trimestre. Concretamente, según el dato adelantado del Instituto Nacional de Estadística, el producto interior bruto (PIB) retrocedió un 0,4% respecto al trimestre anterior, enlazando así el tercer trimestre de crecimiento negativo. Esto sitúa la tasa de crecimiento interanual del PIB en el -1,0%. Todavía no se dispone del desglose por componentes, pero según estimaciones del Banco de España esta caída del PIB se debe fundamentalmente a la debilidad de la demanda interna, con una contribución de -1,2 puntos porcentuales en el segundo trimestre. En cambio, la demanda exterior neta supone una aportación positiva al PIB de 0,8 puntos porcentuales. Continúa así una tendencia iniciada en el tercer trimestre de 2008 en la que la demanda interna se contrae y la demanda externa neta se expande.

Esta evolución del sector exterior está ayudando a mejorar la balanza por cuenta corriente. Sin embargo, existen riesgos de la capacidad del motor externo para seguir mitigando la caída del PIB español. El crecimiento interanual del PIB de la eurozona ha entrado en terreno negativo en el segundo trimestre, y todo apunta a que seguirá cayendo en el tercer trimestre. En este contexto, las exportaciones españolas se podrían ver gravemente afectadas, al ser Europa el principal socio comercial. La ralentización generalizada de la economía mundial añade riesgos a la baja.

En clave interna, varios factores han contribuido a la creciente debilidad de la demanda privada. El aumento de las turbulencias financieras durante el segundo trimestre ha añadido incertidumbre a un entorno económico que era ya muy débil y ha lastrado la confianza de los agentes económicos, que están posponiendo sus decisiones de consumo e inversión.

Una forma de ilustrar este aumento de la incertidumbre es observando la dispersión de opiniones sobre la evolución futura de la economía española. Así, hemos construido un índice de incertidumbre a partir de la dispersión de las previsiones de crecimiento de la economía española realizadas por un grupo de expertos y recogidas por Consensus Forecasts. Concretamente, calculamos la desviación estándar de las previsiones sobre el crecimiento a un año y la normalizamos para corregir el efecto de que a medida que transcurre el año, la incertidumbre sobre la tasa de crecimiento del año siguiente se reduce.

Otro factor que incide sobre el debilitamiento del tono económico son las dificultades de las instituciones financieras españolas para obtener financiación en los mercados mayoristas. Esto ha obligado a las entidades bancarias a ser más exigentes en la concesión crédito a empresas y hogares. A su vez, esto acelera el proceso de desapalancamiento de los sectores no financieros y frena el crecimiento potencial de la economía española.

Todo sugiere que en los próximos meses el consumo de los hogares continuará a la baja. El índice de confianza de los consumidores bajó hasta los -29,2 puntos en julio (-25,1 puntos en junio). Las ventas minoristas en junio registraron una caída del 4,8% interanual. Tampoco ayuda la persistente debilidad del mercado de trabajo, que ha propiciado una reducción de la renta disponible de los hogares. Además, el aumento del IVA a partir del 1 de septiembre aumentará significativamente los precios y, por consiguiente, se verá limitada la capacidad de compra de los hogares.

En el caso de las empresas, el clima económico desfavorable ha afectado de manera adversa sus decisiones de inversión. El Banco de España estima que la inversión en bienes de equipo en el segundo trimestre disminuyó un 2,2% intertrimestral, así como también se estima una contracción del resto de componentes de inversión. No se espera un cambio de tendencia para los próximos meses. El índice de sentimiento económico descendió hasta los 87,7 puntos en julio, el valor más bajo desde 2009. El índice de gestores de compras (PMI) de julio se sitúa en 42,3, encadenando así 15 meses por debajo de 50 puntos, valor a partir del cual la actividad se contrae.

La caída de la demanda privada no podrá ser compensada por el consumo e inversión públicos como así había ocurrido en anteriores recesiones. Sin ir más lejos, en la recesión de 2008-2009 el sector público tuvo contribuciones positivas, aunque modestas, al crecimiento del PIB. Sin embargo, los niveles de endeudamiento del sector público dificultan que el sector público pueda servir de estímulo en esta recesión. En el primer trimestre de 2012 el consumo público tuvo una contribución negativa de -0,1 puntos porcentuales, y el Banco de España estima que esta contribución ha sido aún más negativa en el segundo trimestre. Todavía más, debido a la magnitud del ajuste fiscal que debe realizarse para el conjunto de 2012, se espera una importante contracción del gasto e inversión públicos en el segundo semestre del año.

Las medidas anunciadas por el Gobierno en el mes de julio son un paso en la dirección correcta para lograr cumplir con los objetivos de déficit acordados con la Comisión Europea. Por un lado, se han aprobado medidas fiscales con el objetivo de aumentar los ingresos del Gobierno pero intentando minimizar las distorsiones para la actividad económica. En este sentido, se ha optado por el incremento de la imposición indirecta (aumento del IVA) y por una reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social, que debería actuar como estímulo a la contratación de empleados. Por otro lado, se han tomado medidas de contención del gasto como el recorte en los salarios de funcionarios públicos o reducción de la prestación de desempleo a partir del sexto mes. Además, se ha anunciado un ambicioso plan plurianual de reformas estructurales y de liberalización de varios sectores económicos que hasta ahora disfrutaban de ciertas restricciones a la libre competencia. Por ejemplo, la liberalización de los horarios comerciales y de los servicios profesionales.

En el medio y largo plazo, las medidas deberían contribuir de forma positiva al crecimiento de la economía. Por un lado, la consolidación fiscal asegurará la sostenibilidad de la deuda pública española, y mejorará la confianza tanto interna como externa. Por otro lado, las reformas estructurales conseguirán mejoras de eficiencia. Sin embargo, sus efectos a corto plazo serán probablemente contractivos. El impacto de las nuevas medidas, que se concentrará en el segundo semestre de 2012, se añade a un contexto de deterioro generalizado de la economía. Ante este nuevo escenario, las perspectivas de crecimiento para 2012 y sobre todo para 2013 han sido revisadas a la baja.

En el mes de julio, el Fondo Monetario Internacional rebajó el crecimiento previsto de la economía española en dos ocasiones. Primero en la actualización del informe sobre las perspectivas de la economía mundial del mes de julio se revisó el crecimiento de España del 0,4% al -1,5% para 2012, y del -0,7% al -0,6% para 2013. A finales de julio, tras tomar en cuenta las nuevas medidas de ajuste, se volvió a ajustar a la baja el crecimiento del PIB al -1,7% en 2012 y -1,2% en 2013.

Incluso el Gobierno español ha revisado el cuadro macroeconómico y ha rebajado la previsión de crecimiento del PIB para 2013 del 0,2% al -0,5%. En esta línea, también hemos revisado a la baja las previsiones de crecimiento del PIB español al -1,5% en 2012 y al -1,5% en 2013.

España se enfrenta a un segundo semestre decisivo para solventar la crisis de deuda. La capacidad del Gobierno para implementar con rapidez y eficacia los ajustes anunciados será un factor clave que determinará la pronta resolución de la crisis. También será determinante la capacidad de los líderes europeos de avanzar con celeridad en la unión fiscal y en la unión bancaria. Solamente entonces podremos iniciar un proceso de recuperación sostenido de la economía española.