La creciente resistencia a una fusión entre Deutsche y Commerz reducen sus posibilidades de éxito

Una manifestación de interés de ING por el segundo banco de Alemania indica el apetito en Europa
Carlos Schwartz
Berlín ha perdido empuje en torno a sus planes de impulsar una fusión entre el primer banco del país, Deutsche Bank, y su seguidor Commerzbank. Pese al cacareado entusiasmo de los presidentes de ambas entidades la aparición de resistencias y reticencias ha reducido las posibilidades de que la operación salga adelante. Los analistas comienzan a dudar de que la operación esté necesariamente encausada.Inicialmente Deutsche se había planteado tener una vía consolidada para la fusión antes de su junta general de accionistas el 26 de este mes. Sin embargo, los sindicatos de ambos bancos se han mostrado sumamente beligerantes frente a la propuesta de fusión, entre otras cosas por que supondría la eliminación de una gran cantidad de empleos. Ambas entidades suman 78.000 trabajadores y las estimaciones preliminares sugieren que la mitad de esa plantilla total podría perder su empleo en el caso de una fusión.
El sindicato de servicios Verdi ha impulsado la movilización de los trabajadores de las dos entidades en una oposición cerrada a que la operación se lleve adelante. No es que el Gobierno sea especialmente sensible a las críticas de los sindicatos, pero la presión sobre la política oficial por parte del partido de ultraderecha, Alternativa por Alemania, y la posibilidad de que el apoyo a la fusión pase factura al Partido Socialdemócrata de Alemania, han enfriado el entusiasmo del ministro de Finanzas, el socialista Olaf Scholz, que fue su principal impulsor. Scholz argumentó de forma extensa la necesidad de que Alemania tenga una campeón nacional en banca para actuar como soporte de la política industrial del país.

Al menos en las forma el ministros han hecho sucesivos alegatos en favor de este “campeón europeo” desde el punto de vista de las necesidades del poderoso sector industrial germano. Pero las estimaciones sobre las necesidades de capital que una fusión de esta naturaleza puede demandar se han sumado a los obstáculos para su materialización. 

Los analistas consideran que una fusión entre ambas entidades puede suponer una inyección de capital de 10.000 millones de euros. Esto puede implicar como poco un aval del estado para bajar los costes financieros de una inyección de capital de esa magnitud, algo que no es fácil que pueda cuajar en las presentes circunstancias. El problema es que el deterioro del Deutsche sigue su curso, por la magnitud de sus costes de financiación de un lado, los activos improductivos del otro, y su efecto sobre el precio de las acciones de la entidad: una caída hasta niveles imprevisibles. 

Desde que Scholz comenzó a pregonar las bondades de esa fusión, los observadores concluyeron que lo que se estaba preparando era una nacionalización encubierta del banco resultante, en la medida que el estado tiene en Commerzbank más del 15% del capital a resultas de las ayudas otorgadas tras la crisis financiera de 2008. La fusión podía ser una fórmula para inyectar capital en el engendro resultante. Pocos analistas dudan de que la iniciativa de una fusión apunta a resolver los problemas que el legado de la crisis financiera internacional supone para el Deutsche.

Hace dos semanas el primer banco italiano, UniCredit, filtró a la prensa que había mantenido contactos con Commerzbank, y que la entidad debería considerar, en caso de que sus conversaciones con Deutsche fracasaran, la posibilidad de fusionarse con la entidad transalpina. La manifestación de interés, reflejada por todos los medios financieros relevantes de Europa, tenía un objetivo claro: ofrecer a la entidad una tabla de salvación en caso de que estuviera negociando una fusión forzosa. O lo que es lo mismo, fue un intento de desestabilizar las conversaciones de fusión. 

Ahora ha sido el holandés ING quien ha hecho saber, una vez más a través del Financial Times, que tiene interés en proponer una fusión con el Commerz y que en caso de que las actuales conversaciones entre los dos grandes bancos germanos fracasen, volverá a hacer la propuesta. De acuerdo con las filtraciones el banco holandés mantuvo contactos con el Commerz y con la Administración alemana con el objetivo de considerar una fusión, pero esas conversaciones no llegaron a una conclusión definitiva, y la entidad se apartó cuando se iniciaron los contactos formales entre los dos bancos alemanes.

Commerzbank es una pieza codiciada por su relación con el denominado Mittelstand, el importante sector de empresas pequeñas y medianas de propiedad familiar, altamente rentable. Además la entidad representa el 30% del crédito a la exportación de la economía de un país para el cual el comercio exterior es vital. En el escenario presente, en el cual la necesidad de consolidación en el sector de banca se ha convertido en un imperativo de difícil realización, los movimientos de fusión transnacionales tienen entre otras cosas el apoyo de las autoridades de la competencia, los reguladores y el propio Banco Central Europeo (BCE).

Vale la pena, de paso, recordar que el más probable sucesor de Mario Draghi, el actual presidente del emisor europeo, es el actual presidente del Bundesbank: Jens Weidmann. El Gobierno se ha mostrado reticente a las fusiones transnacionales para los bancos alemanes. Uno de los argumentos que más ha manifestado es el hecho que la Unión Bancaria Europea está lejos de ser un hecho y que en esas circunstancias no es fácil depositar la confianza en un socio que el día de mañana puede atrincherarse en su país de origen y dejar librada a su suerte a su socio en Alemania. 

Consciente de estas reticencias ING dijo al presidente del Commerzbank que en caso de una fusión estaba dispuesto a trasladar su sede de Amsterdam a Frankfurt. Una medida de esta relevancia puede haber sido diseñada para endulzar ante el Gobierno la posibilidad de una fusión entre ambas entidades. La oferta de UniCredit es muy resistida por Berlín, por la pesada carga de deuda pública italiana en las carteras del banco, y por la tradicional inestabilidad política del país.