Incumplirá plazos acordados con la Unión Europea

La falta de Gobierno bloquea el calendario de reformas y el nuevo Presupuesto

Los aspectos más esenciales, como los laborales, los fiscales, el ahorro o la educación, deberán esperar a la última parte del año
Juan José González
Un Comisario europeo español aseguró en una ocasión que España "debería aprender de las nefastas decisiones de los gobiernos que acaban por llevar a sus ciudadanos a la ruina". La referencia era el Gobierno griego y el tiempo el 23 de abril de 2010, la fecha de la pesadilla por la que las cuentas de aquel país, socio europeo, fueron intervenidas por Bruselas. Desde entonces se han sucedido tres rescates, los necesarios para poner orden en la caótica y quebrada economía griega. Pero han evitado el cuarto rescate y ahora Grecia ha sido capaz de formar un Gobierno en menos de 24 horas tras conocer el resultado final de sus elecciones legislativas. Ahora parece llegado el momento en que España deberá aprender o, al menos, tomar nota de lo sucedido en Grecia: formar un Ejecutivo en menos de 24 horas. Un Gobierno que no está exigido por la urgencia de evitar otro -sería el cuarto- rescate, sino requerido por la urgencia de las cuestiones sociales más primarias, como el empleo, la sanidad, la educación, los servicios de la Administración pública, además de otros más esenciales como el ahorro, los estímulos fiscales a distintas actividades, tecnología, transportes, seguridad, entre otras y, finalmente, las necesidades, en este caso, urgencias, de reformas clave en economía, empleo, impuestos, educación, pensiones, medio ambiente, igualdad... en fin, todo aquello susceptible y capaz de mejorar la vida de los administrados.
A nada que se quiera encontrar algún punto en común con la situación española, habría que aceptar que la sentencia del entonces Comisario europeo español (hoy ya ex) debería cumplirse en este caso con la formación de un Gobierno a la mayor brevedad posible. La vida de un gobierno en funciones no puede dilatarse en el tiempo, no cuenta con muchas justificaciones salvo las dificultades propias de una falta de acuerdo si las fuerzas políticas están muy fragmentadas. Difícilmente se podría alegar esta última razón como la causa que imposibilita la formación de un gobierno en España. 

La necesidad de un Ejecutivo en funcionamiento viene exigida por la necesidad también de resolver los problemas de la sociedad y de sus ciudadanos. La economía puede que sea el área de mayor urgencia habida cuenta que de ella dependen otras cuestiones troncales como el empleo, la fiscalidad, la educación, la financiación de la Seguridad Social o el tratamiento del ahorro, por citar algunos asuntos que no admiten (o no deberían) demora. Asuntos que si se comparan con las exigencias que mantienen las posturas de los partidos que no se ponen de acuerdo, resultan prioritarias, no sólo por la urgencia y la necesidad sino también porque la falta de actividad conlleva en algunas áreas incurrir en costes que harán más difíciles, a posteriori, las cosas y las cuentas.

La falta de Gobierno provoca, obligatoriamente, un parón en las regulaciones que se supone deberían conformar las reformas previstas, las `vendidas´ en el programa electoral de los ganadores. Reformas sociales, educativas, laborales, fiscales, de igualdad, sanitarias, medioambientales, financieras, etc. Todas ellas se deben aplazar si no hay un Ejecutivo que se reuna y proponga leyes en el Parlamento para su aprobación. Retrasos que conllevan costes y más costes pero también oportunidades perdidas, tiempo malgastado. 

Sin gobierno no puede haber avances en las cuestiones fundamentales, las sustanciales y básicas. No hay gobierno debido a una presunta distancia, insalvable, ideológica. Cuando en realidad, tampoco hay tanta diferencia -ideológica- entre las formaciones del bloque más conservador o en el bloque más progresista. No es fácil encontrar hoy día tanta afinidad ideológica entre los bloques políticos. Quizá sería conveniente que algunos políticos, como también sus defensores, deberían hacer un recorrido por Europa para comparar. Comprobarían que ahí fuera hay grandes distancias y diferencias ideológicas. Es por todo por cuanto resulta injustificable la formación de una mayoría absoluta para romper el impasse de la falta de gobierno.

Desde el pasado 28 de abril, la cita electoral más reciente, el Gobierno en funciones va camino de cumplir tres meses de consultas con la mayoría de las formaciones políticas en busca de los apoyos suficientes para formar Gobierno. Es probable, cabe sospechar, que el actual Ejecutivo en funciones cuente ya con un programa de gobierno donde se recojan los puntos básicos de sus propuestas, por otra parte, recogidos en su programa electoral. También se sospecha que, a pesar de la situación transitoria que supone estar en funciones, los ministros en funciones del área económica tengan ya preparadas las líneas fundamentales y los desarrollos esenciales de las futuras cuentas con las que piensa llevar a cabo su plan de Gobierno. Es decir, que el Ejecutivo actual, a pesar de estar en funciones se da por hecho que debe contar ya con sus Presupuestos Generales y con un ambicioso calendario de reformas. De lo contrario, el ejemplo ya no sería Grecia.