El Gobernador abre fuego y Hacienda hace las cuentas

La pandemia sirve en bandeja la reforma fiscal severa y más dolorosa de la democracia

España recauda seis puntos menos que la media de la Unión Europea, lo cual es otro aliado de la coyuntura en la creación de las nuevas reformas previstas para los próximos meses
Juan José González
La construcción del relato post pandemia ha comenzado coincidiendo con el fin del estado de alarma. Lo hace a dos bandas: el Gobernador del Banco de España y el Gobierno de España. Es un tándem con incierto futuro, pues cada vez que se han aliado en la historia las dos instituciones nunca se ha registrado un final feliz, al menos para ambas partes. Pero ahora es (o puede llegar a ser) diferente pues el ámbito de intereses mutuos es genérico y de mayor amplitud que en anteriores ocasiones. Llegan las dos instituciones, una ejecutiva, la otra supervisora, a la misma conclusión tras un análisis y valoración de la realidad que deja pocas dudas: la necesidad de obtener un crecimiento económico rápido y fuerte. Tan sólo parece haber en principio una discrepancia: el tiempo. Se trata de dar con la clave precisa para marcar el ritmo de las medidas que, en este caso, llevarán el sello propio de las reformas legislativas y, por tanto, de la necesidad de una base de consenso político sólida. Coinciden, sin embargo, en que este es el momento preciso, la coyuntura más idónea para hacer muchas cosas y entre estas un ajuste fiscal de mayor o menor profundidad pero en todo caso significativo, de esos que, como aquella reforma fiscal de Fernández Ordóñez, llamada a dejar huella en la historia.
La ministra de Economía, Nadia Calviño y la de Hacienda Mª Jesús Montero discrepan ahora del orden que se debe aplicar a las reformas futuras del Gobierno, pues no en vano deberá elegir el presidente Pedro Sánchez el orden de prioridades; si decide priorizar las reformas de crecimiento económico y dar preferencia de paso a estas, o bien, si se entra ya a saco con la reforma fiscal. Aquí es donde pasa a jugar un papel de cooperador el Banco de España, quizá más inclinado a poner en marcha un plan más razonable que combine las dos necesidades; las reformas económicas y la reforma fiscal. 

Lo que sí parece estar claro es que la música suena y llega en forma de mensajes que advierten sobre una cierta coordinación institucional. En la misma sintonía, una tercera banda que se añadiría al Ejecutivo y al supervisor se encontraría la Comisión Europea, siempre partidario y dispuesto a respaldar las reformas fiscales que puedan garantizar los compromisos firmados con Bruselas. Y en esta coyuntura, cuando están en juego planes y programas de ayuda billonarios, las autoridades políticas locales, en este caso, el Gobierno de Pedro Sánchez, deben mostrarse activos y decididos a llevar a cabo todas aquellas reformas que ayuden a lograr el objetivo de estabilidad presupuestaria. 

Pero sin duda alguna, el trabajo que pondrá a prueba la colaboración entre el Banco de España y el Gobierno será el relativo al capítulo de gastos e ingresos del Estado, que se plasmará en el próximo (y siguientes) Presupuestos Generales. La coyuntura, los efectos sanitarios y económicos de la pandemia han comenzado a enseñar sus cifras, no sólo en pérdida de vidas, una catástrofe humana irreparable, sino también en términos económicos, empresariales y laborales. Sobre esta realidad el Gobierno parece contar con la decisión de emprender una etapa de numerosas reformas, sociales y económicas, que deberá aplicar con carácter de urgencia. Y así hoy, los técnicos de Hacienda y Economía trabajan hoy sobre el programa de reformas que presentará el Gobierno en los próximos meses. 

Los trabajos están siendo una buena ocasión para impulsar una colaboración entre el Banco de España y los departamentos ministeriales, así como la colaboración de otros técnicos de la Airef. En esa coyuntura favorable a que el Ejecutivo de turno aplique remedios y soluciones fiscales a los males de la economía y en previsión de males mayores, se esperan medidas dolorosas para la gran mayoría de la ciudadanía y también para las empresas. Llegan los impuestos especiales de la mano del medioambiente; de la puesta al día del impuesto del patrimonio; del impuesto de sucesiones; del tipo medio del IVA; del final de numerosas deducciones en renta y en sociedades... Por supuesto que el dolor llegará con rigor a las pensiones donde se esperan alargamientos de edad y congelación de pensiones máximas, en fin, una reforma severa y más dolorosa habida en la democracia española. 

No hay que olvidar que en términos fiscales, España recauda seis puntos menos que la media de la Unión Europea, lo cual es otro aliado de la coyuntura en la creación de las nuevas reformas post pandemia. El debate público -como siempre, a través de los medios de comunicación y hoy también en la Comisión para la Reconstrucción Económica- está mostrando la colaboración entre las instituciones políticas y las económicas independientes como el Banco de España y la Airef. Una colaboración necesaria y seguramente eficaz, si bien deberán sus componentes evitar los intereses de la clientela política (ideológica) y proponer medidas que, aunque dolorosas para muchos, sean neutrales y sensatas.