Más incertidumbre

Las materias primas dibujan una nueva versión de la crisis

Persisten los problemas económicos clásicos, agravados en España por la inestabilidad  política
Juan José González
Hacer de la necesidad virtud, que decían los Estoicos, puede convertirse en el año que ahora comienza en leit motiv de numerosas empresas, economías y Estados enteros. No es la crisis de nuevo pero lo parece. Problemas en las multinacionales dependientes de las materias primas como el petróleo o el gas. Están obligadas a reajustar, como siempre a la baja, sus inversiones previstas para un escenario que, en principio y sobre el papel más ambicioso de las autoridades de todo el mundo pintaba recuperación. Para España, los problemas económicos globales de la nueva coyuntura, vienen a sumarse a los problemas domésticos `clásicos´, además de contar como telón de fondo con la incertidumbre política que marca la formación del futuro Gobierno del Estado. La carta a los Reyes Magos se escribe sola.
Año nuevo y el escenario apenas ha variado unas décimas. Décimas son las del PIB que, al parecer, se pueden caer de la estimación de crecimiento económico de la economía española. Hay otras décimas peores; como las del crecimiento chino, pues no es lo mismo que el gigante asiático crezca al 7% o al 6,7%, tres décimas que pueden marcar para las economías occidentales la diferencia entre un resfriado y un catarro son fiebre. Es una de las incertidumbres que se da cita en el inicio del año, pero especialmente en el que ahora comienza porque casualmente, Europa (también América del Norte y del Sur) necesitaba que aquel mercado fuera bien, demandase productos europeos con mayor fuerza y vigor. Y, sin embargo, no va a ser así, más bien la economía asiática se quedará más cerca del 6% que del 7%. No sucedía esto desde hace 25 años, algo así como un nuevo fenómeno, pero en esta ocasión no climático, si no económico.

Algunos expertos señalan estos días en sus comentaros, seguramente muy razonados y en base a modelos econométricos de éxito, que los tipos de interés en Estados Unidos, al fin, en marcha al 0,25%, son el pistoletazo de salida para un tiempo nuevo. Aquí hay que aplicar en toda su extensión el "hacer de la necesidad virtud" porque el 0,25% es mínimo y pírrico, insignificante por mucho que se asegure desde todos los medios oficiales, expertos, políticos y económicos que la buena tendencia de los tipos americanos simboliza la recuperación europea. Quizá olvidan algunos que la inflación sigue bajo mínimos y que el gran riesgo no es que esta se dispare, sino que se acerque aún más otro riesgo peor; la deflación crónica.

Las apuestas sobre el rumbo que vaya a tomar la economía europea y, en particular, la española, pasan ahora mismo por considerar como un punto fuerte el capítulo de las exportaciones, de las rebajas en los costes, en su mayoría, energéticos, y una mayor disponibilidad de dinero en manos de las familias. El escenario es, no cabe duda, muy positivo para las empresas y para las familias, y estas últimas lo han percibido en forma de recuperación y corresponden al mensaje con un fuerte tirón del consumo. Pero la incógnita es por cuánto tiempo podrá mantenerse este escenario.

Falta por ver si el precio del petróleo se mantendrá en los niveles más bajos en años y por cuánto tiempo puede mantenerse esa situación. A propósito de las estimaciones de expertos energéticos de todo el mundo, el precio del barril de petróleo, allá por el segundo trimestre del pasado año, no veían un precio por debajo de los 110 dólares por barril. Y como se puede observar, ya ha roto la barrera de los 37 dólares y sin que nadie se atreva a hacer nuevas predicciones.

Todo parece indicar que los problemas de la economía española se focalizan y concentran en la evolución de la divisa euro, en el precio del dinero de EE UU, en la demanda china y en la caída de los precios energéticos. Y sin embargo, la realidad señala que el desempleo continúa en el 24%, la deuda pública merodea el billón de euros y los clientes emergentes ven cómo los inversores abandonan sus plazas y se lanzan a los mercados de renta variable americanos, más atraídos por las mejores rentabilidades de los activos nominados en dólares. No es la misma crisis, pero ¡vaya cómo se le parece! Es una nueva versión.