La persistente batalla para deprimir a la moneda local comienza a generar reacciones adversas

Las medidas del Gobierno de Brasil llevan a una depreciación del 30% del real frente al dólar en un año

Carlos Schwartz

La cotización del real frente al dólar ha caído en torno al 30% desde julio del pasado año cuando el Gobierno impuso una serie de medidas restrictivas para frenar la especulación en divisas. Una de ellas, un impuesto del 1% sobre los derivados en divisas utilizado por los exportadores para cubrir riesgos. El deslizamiento ha colocado al real en su nivel más bajo en los últimos tres años. El ministro de Economía, Guido Mantega, ha sido el personaje central de esta batalla que ha contado con el respaldo de dos gobiernos sucesivos, el de Lula da Silva y ahora Dilma Rousseff. El controvertido impuesto a los derivados en divisas fue eliminado el pasado mes de marzo, pero otras medidas destinadas a frenar la entrada de divisas fueron prorrogadas o reforzadas.

El caso más significativo fue el mismo mes de marzo cuando extendió el alcance de un impuesto del 6% sobre los créditos y bonos obtenidos o emitidos en el exterior. Antes el impuesto era para créditos y bonos de hasta tres años, y se amplió hasta los de seis años. El problema es que el tipo de cambio que está bajo vigilancia persistente en lo que el Gobierno califica de “flotación sucia” ha comenzado a jugar malas pasadas en la medida que la caída del real ha encarecido las importaciones empujando los precios interiores. Es decir se comienzan a registrar presiones inflacionistas.

La banda de fluctuación de la inflación fijada por el Gobierno es de entre 2,5% y el 6,5%, y las previsiones de la inflación para el año que vienen son del 5,4% es decir acercándose a la banda alta. Uno de los problemas de fondo con la contención del precio del dólar es que la economía de Brasil, como la de todos los países de América Latina está dolarizada, es decir usa como referencia de precios el dólar. Esto acaba presionando sobre el índice de precios interiores. El precio de las importaciones, entre las que hay componentes necesarios para la industria local, se ha disparado. La lucha de Mantega con el tipo de cambio del dólar, que en su momento calificó de “guerra monetaria” tiene como telón de fondo los intereses de los productores de materias primas y los sectores industriales del país que son su motor económico y viven de los mercados exteriores.

Un ejemplo es la industria del automóvil que representa un 20% de la producción industrial del país. Pero no toda la caída del real parece ser efecto de la política de tipo de cambio intervenido. De acuerdo con los datos del Banco Central de Brasil la entrada de capitales al país el año pasado fue de 65.000 millones de dólares mientras que este año es hasta ahora y casi sobre final de año de 22.000 millones. El frenazo no parece ser necesariamente obra de la política oficial. En todo caso habrá que mirar un poco más allá y tener en cuenta que el crecimiento de la economía de Brasil este año será de apenas un 2,5%, en un país que por debajo de una tasa de crecimiento del 6% comienza tener problemas. El Gobierno tiene previsiones más optimistas para 2013, del orden del 4,5%, pero siguen siendo bajas para en comparación con 2010 y 2011. La caída no sólo está relacionada con la cotización del dólar, sino además con la debilidad de la demanda de algunos países clave para Brasil, como es el caso de China.

Por lo tanto hacer gravitar la situación del país en torno al tipo de cambio del real no parece muy acertado. Quien si culpa al gobierno de muchos de sus males es el sector financiero. Los bancos de negocios se han visto afectados por las prohibiciones y limitaciones en los instrumentos de crédito vinculados a los mercados de divisas. En general de quejan de lo difícil que se ha vuelto pronosticar la evolución del tipo de cambio del real que consideran obra del Banco Central y el ministerio de Economía. Pero lo cierto es que el problema del nivel de precios se convertirá en el medio plazo en el limitador de la intervención. En la medida que la inflación anual tienda a establecerse en la banda alta y este nivel sea obra esencialmente de la importación de manufacturas e insumos, el Gobierno levantará el pie del acelerador. Lo que es desde luego previsible es que la vigilancia oficial sobre el tipo de cambio lleve a liberalizar de nuevo ciertas operaciones hoy sujetas a un estricto control. La mayoría de los analistas consideran que el vuelco puede registrarse en marzo de 2013.

Mientras el dólar en el mercado paralelo cotiza por debajo del precio oficial. El tipo de cambio está a 2 reales por dólar, mientras que la cotización oficial está entre los 2,10/2,15 reales por dólar, aunque ayer cotizaba el dólar comercial a 2,09 reales. Uno de los daños colaterales de estas fluctuaciones es el efecto sobre la cuentya de resultados de las grandes multinacionales exportadoras de Brasil, como Vale do Rio Doce o Petrobras que han debido operar sin cobertura sobre el tipo de cambio. Este efecto indeseado es desde luego un arma de doble filo. Si el tipo de cambio de la moneda local cae ante el dólar el valor de las exportaciones medido en reales crece de forma sensible. Pero por otro lado ambas empresas tienen una colosal deuda en divisas y la falta de cobertura hace que el servicio de esa deuda genere pérdidas. Las pérdidas se reflejan en menos ingresos fiscales. La ruptura de los equilibrios es en cualquiera de los sentidos generadora de efectos complejos. El efecto tampoco perdona a las multinacionales extranjeras con operaciones en Brasil que verán sus ingresos menguados por el menor valor del real.