Las telecos, los fabricantes de equipo, los reguladores y los operadores enfrentan un cuello de botella

Las redes de telecomunicación se han convertido en el reto decisivo para el avance del sector
Carlos Schwartz
La universalización de servicios a través de los terminales móviles inteligentes han cambiado el concepto de las telecomunicaciones que han pasado de centrarse en la transmisión de la voz a la transmisión de paquetes de información cada vez más sofisticados. El año pasado la creciente incorporación de los sistemas de pagos a través de la telefonía móvil supuso el comienzo de una nueva revolución que puede dejar obsoleto en un futuro al dinero plástico. La revolución de los servicios para entretenimiento, desde la televisión hasta el cine, sobre la base del streaming ha convertido a los terminales móviles en uno de los elementos más dinámicos de ese mercado. Las empresas de publicidad han capturado un inmenso mercado en esta tendencia creciente a la utilización de los terminales móviles para una gama interminable de servicios en línea. La reacción de las empresas que brindan el soporte técnico para la transmisión de datos, las hasta ahora compañías de telecomunicación que basaban su negocio en la transmisión de la voz, han reaccionado en contra de las ventanas publicitarias emergentes y desarrollan mecanismos para bloquear la irrupción publicitaria desmedida a través de Internet que obtienen facturación sin soportar costes de transmisión.
A esta explosión de servicios de uso esencialmente personalizado o individual se debe añadir la denominada Internet de las cosas que es, por ejemplo, el control de los electrodomésticos a distancia mediante terminales móviles. Pero en el corazón de esta revolución que transforma a diario al sector están las redes de telecomunicaciones. El estallido de los servicios en línea que amenazan con conectar a cada usuario con hasta un centenar de equipos y servicios que interactúan con ellos, incluidos los automóviles que se conducen solos, amenazan con la insuficiencia de las redes de transmisión de datos que permiten precisamente que esos flujos de información lleguen a destino. Un coche inteligente sin Internet no sirve para nada. Un medio de pago en un terminal inteligente no sirve para hacer una transacción si pierde la cobertura.

La irrupción generalizada de este tipo de servicios, incluidos los más elementales, amenazan con desbordar las infraestructuras de transmisión de datos existentes. Al mismo tiempo la disputa por asegurarse los canales de transmisión de datos suficientes está generando conflictos crecientes en el sector entre los propietarios de las redes de telecomunicación y los operadores que carecen de ellas o tienen un acceso insuficiente a las mismas a la luz de los crecientes servicios en el mercado actual. Un ejemplo de estas batallas es el enfrentamiento entre Vodafone en Reino Unido y el regulador británico por el virtual monopolio de las redes fijas por parte de BT Group, el ex monopolio estatal British Telecom.

En la inauguración de la convención anual Congreso Mundial de Móviles en Barcelona el consejero delegado de Vodafone, Vittorio Colao, expresó su convicción que el regulador, Ofcom, debe forzar la escisión de la división de redes de BT, llamada Openrech, para dar entrada a los operadores en su capital y permitir un acceso equilibrado a todos los operadores a la red fija del país. Este jueves el Ofcom debe dar a conocer en un informe su evaluación del sector en Reino Unido que ha creado expectativa puesto que entre las cuestiones sujetas a análisis está precisamente el acceso a las redes fijas de las que depende una acceso domiciliario rápido a Internet.

El grupo sueco de telecomunicaciones Ericson ha hecho una proyección de acuerdo con la cual el número de terminales a nivel mundial conectados en 2028 ascenderá a 21.000 millones de los cuales sólo 9.000 millones serán terminales móviles convencionales. Por su parte el fabricante chino de equipos Huawei estima que para el 2020 el tráfico de las redes se habrá triplicado y el de los móviles se habrá multiplicado por ocho. Las redes de fibra óptica capaces de transmitir datos a alta velocidad a través de los países, por ejemplo dentro de la Unión Europea (UE), requerirán una puesta al día y una mejora técnica costosa sino se quiere reducir o limitar el tráfico creciente. De momento las empresas en el sector de las telecomunicaciones han desarrollado, para sacar el mejor partido posible al tradicional cable de cobre, una serie de tecnologías que sin embargo al final tropiezan con la limitación de este medio.

El debate que se ha desatado pone sobre el tapete la posibilidad de que los estados tomen la iniciativa favoreciendo el desarrollo de las redes. Esta posibilidad en si misma es una forma de cuestionar la privatización de las redes que se llevó adelante con el objetivo de crear un mercado de las telecomunicaciones basado en la competencia entre empresas privadas que sustituirían a los monopolios estatales. El problema que representan estas autopistas por las que deben circular los paquetes de datos que constituyen la información, que se reconstituye a la salida del cable o en el terminal móvil, es el volumen de inversión que requieren.

El objetivo de maximizar el beneficio lleva a las compañías que son propietarias de las redes a subordinar las inversiones necesarias a una determinada tasa de beneficio o de retorno sobre el capital invertido. El cuello de botella que se está creando en el sector de las telecomunicaciones es en cierta medida una reedición de los problemas que suponían a finales del siglo 19 y comienzos del siglo 20 la necesidad de grandes obras públicas para resolver los problemas de comunicación marítima y terrestre que estaban empatanando el comercio mundial. Las necesidades actuales incluyen el desarrollo de la próxima generación tecnológica en materia de transmisión móvil de datos: el protocolo 5G. El desarrollo de los nuevos protocolos y redes fijas y móviles van a afectar a virtualmente todos los sectores de la economía pero muy especialmente al financiero y al industrial. La batalla no ha hecho más que empezar.