Gastos y depósitos

Los gobiernos aceleran la limitación del dinero en efectivo

La retirada de un volumen elevado de fondos obligará al banco a generar una alerta técnica automática en el banco central
Juan José González
A finales de año en Dinamarca ya no será obligatorio realizar en efectivo algunos de los pagos más habituales. En Francia entrarán en vigor en breve medidas que limitan el pago en efectivo superior a mil euros. En Reino Unido, en sentido contrario, como el tráfico, se comienza a limitar la retirada de dinero en efectivo, de modo que la recuperación de cantidades grandes de depósitos, más de tres mil libras, obligan al banco a introducir una alerta en un sistema conectado con las autoridades policiales. Y en EE UU las retiradas superiores a cinco mil dólares provocan una alerta automática en las oficinas del Tesoro. Parece casualidad pero el movimiento delata intenciones que las autoridades financieras y políticas no están explicando. Son propuestas e iniciativas gubernamentales que pueden explicar la escasez ocasional, pero reiterada en los últimos años, del dinero en efectivo, pero ¿cuál es la explicación?
En algunos países la retirada de depósitos en efectivo y en cantidades superiores a los tres mil euros en Europa o cinco mil dólares en Norteamérica, se ha convertido en una actividad sospechosa y susceptible de provocar una alerta. Las interpretaciones a esta tendencia -creciente e insistente- suelen partir de expertos economistas e investigadores universitarios. Puede decirse que hay de todo, pero dos de ellas se imponen como las habituales y más compartidas por la opinión pública, a saber.

La primera de ellas apunta al interés de las compañías de comunicaciones y de las propias entidades financieras en acelerar, hasta su imposición, los medios electrónicos en el tráfico mercantil. Se trata de controlar de forma monitorizada cualquier pago o gastos de los ciudadanos. Hasta ahora es una operativa, o tráfico, que se puede controlar a través de los grandes emisores de tarjetas de crédito y otros medios de pago. Pero si la iniciativa procede de los gobiernos, la diferencia es radicalmente diferente. Es probable que si la intención última es acelerar el proceso de pagos electrónicos para toda la población, el camino de limitar el efectivo sea el más indicado, al menos, parece el elegido por las autoridades.

De esta interpretación se desprende un interés general industrial que seguramente beneficiaría a distribuidores de software y hardware, telecomunicaciones y bancos; unos mediante el aumento de la venta de terminales o herramientas de pago y los otros, los bancos, como reducción (o transformación) de costes laborales y de redes físicas. El Gobierno danés tiene una aplicación oficial a través de su banco central, y en Reino Unido el Banco de Inglaterra viene aprobando los protocolos de tecnologías de medios de pago para pequeños gastos. En este sentido, la eliminación de oficinas y sucursales, y el consiguiente ajuste de plantillas, camina en la misma dirección que justifica la desaparición o limitación del efectivo. En España, los bancos más obstinados en acelerar los procesos de la banca digital -BBVA y Santander- no pueden recibir mejor la tendencia a limitar el efectivo.

En cualquier caso, los movimientos tendentes a la limitación (y prohibición) del dinero en efectivo son más intensos desde el comienzo de la crisis, desde las quiebras de los grandes, medianos y pequeños bancos, tanto en EE UU como en Europa, que han sido testigos de cómo sus clientes retiraban en masa sus ahorros en efectivo. De la misma forma que para los ciudadanos la limitación de la retirada del efectivo supone todo un trauma, para las entidades financieras desprenderse de liquidez o efectivo viene a ser parecido.

Y la segunda interpretación se refiere a la faceta legal. El papel de los gobiernos en estas situaciones no suele ser de menor dificultad. Lo cierto es que el efectivo sigue siendo todo un problema para los bancos centrales y para las autoridades que ven en las restricciones del efectivo una vía para resolver problemas típicos como la evasión fiscal y otras actividades ilegales. Quizás esta última vertiente, que relaciona el dinero efectivo con las actividades ilegales, pueda justificar el silencio y discreción de las reuniones y trabajos que realiza un reducido grupo de técnicos pertenecientes a los bancos centrales, al BCE, al Banco de Inglaterra y la Fed.