Lluvia de dinero

Rafael Vidal
Algunos sondeos entre gestores y representantes del sector financiero apuntan a que las peticiones de la banca para la "facilidad de crédito" del BCE de este mes podrían duplicar la del pasado 21 de diciembre. Esto supondría colocar en el sistema un billón de euros, lo cual, salvando las distancias, pondría al banco emisor europeo a la altura de la Reserva Federal de Estados Unidos.

El destino de ese dinero es doble: por un lado, se trata de intervenir en el mercado primario de deuda pública -algo que el BCE no puede hacer directamente- y, por otro, se facilita a los bancos una ganancia fácil y prácticamente libre de riesgos. Es lo que se dice matar dos pájaros de un tiro.

Mario Draghi, que llegaba a la presidencia del BCE sin demasiados avales, se ha mostrado muy hábil a la hora de buscar soluciones a corto y medio plazo a algunos problemas de la UE, aunque la cuestión de fondo, la gestión de la crisis, continúa en el aire.

Hace ya casi dos años que saltó el problema de Grecia y en esas estamos. Los políticos que se autoasignaron la dirección del asunto, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, se han equivocado en el fondo y en la forma y no han hecho más que agravar el problema y salpicar a otros países, incluida Francia, al centrar la atención en la austeridad, es decir, en los recortes y contribuir así a la paralización de la economía. La incertidumbre creada con esa política ha encarecido los costes de la deuda, beneficiando a "los mercados", ha perjudicado a los estados y ha empobrecido a los ciudadanos.

La cuestión es que, ahora, esa lluvia de millones que parece va a caer sobre la UE no va a mojar a los ciudadanos, pues se va a limitar a solucionar algunos problemas de la banca y de los estados. Sólo muy indirectamente se puede admitir que los ciudadanos de a pie van a notar esa mayor presencia de dinero en el sistema: es posible que los gobiernos recorten un poquito menos por tener que pagar menos intereses y que los bancos sean menos ávidos con las comisiones ante la mejora de otras partidas. Es como creer en los Reyes Magos, pero no queda otra.