Lo importante no es la junta, el partido ya se juega en otros escenarios

Alfonso Pajuelo
El cañón de luz se ha apagado pero el fantasma de Francisco González recorrerá hoy el escenario del Palacio Euskaldun sin que nadie pueda evitar que el tintineo de las cadenas que arrastra recuerde a los accionistas que su protegido y encumbrado  Carlos Torres, de ignotas capacidades gestoras, empiece a ver el fin del meritoriaje porque no ha podido evitar que su mentor tenga que salir por la puerta de atrás del banco. Ni siquiera podrá evitar que le pidan cuentas por ese desastre que representa el Garanti. Por allí también estará un señor que dicen que es consejero delegado.
El abandono de FG a apenas veinticuatro horas de la junta general del banco es un golpe de efecto ‘in expremis’, forzado por unas circunstancias insalvables, le traerá la paz a un Torres con claros estigmas y laceraciones provocados por su comportamiento durante la crisis provocada por el ’caso Villarejo’.

Torres es ya un presidente en tiempo de descuento y, lo que es más importante, sin capacidad para influir en su sustitución, ni siquiera en diseñar el futuro del banco. El tiempo de gracia que le queda estará definido por los meses que tome la formación de un nuevo Gobierno. Los que lleguen tomarán posición aunque esta no sea pública porque ningún grupo político va a renunciar a meter la mano en una entidad del tamaño de BBVA y el papel que le quieran adjudicar en la revisión del mapa bancario.

Ni su amigo y también protector Manuel Pizarro podrá echarle un cable porque utilizará su influencia en el PP para participar en el futuro del banco evitando gastar esa influencia en defender a un ‘quemado’

Independientemente de lo que ocurra en la junta de hoy, aunque sea un quilombo (en su acepción argentina pero utilización vulgar) será especialmente importante más allá del espacio que ocupe en los medios lo que allí ocurra.

Lo importante es lo que se mueve detrás de la tramoya, las fuerzas que ven una oportunidad de hacer un asalto. En BBVA Francisco González dejó muchas cuentas pendientes, incluido el PP que le metió con calzador en su momento pero al que no ha servido con el entusiasmo debido.

La Moncloa, la ocupe quién la ocupe, está obligada a vigilar con atención de relojero al banco aunque sólo fuera para evitar una compra indeseada o indeseable.