El consumo de gas en Europa se desacelera

Los analistas esperan precios débiles en el gas hasta 2021 por los grandes excedentes disponibles

Carlos Schwartz
Europa incluida Turquía es uno de los mercados más grandes del mundo para el gas natural y el principal destino de los gasoductos de Rusia y del Norte de África y del gas natural licuado de África y el Oriente Próximo, y desde el primer trimestre de este año del gas natural licuado (GNL) estadounidense procedente de la terminal Sabyne Pass de Cheniere Energy. El año pasado la demanda europea de gas apenas creció pasando de 446 miles de millones de metros cúbicos (bcm, por sus siglas en inglés) en 2014 a 463 bcm en 2015. Pero en el periodo 2006 a 2014 la demanda de gas en Europa cayó un 14% en primer lugar por el menor consumo del combustible por parte de las centrales eléctricas, una fuerte competencia de los precios del carbón y de las energías renovables en algunos de los países europeos, en particular en Europa occidental y el sur del continente, los bajos precios de los derechos de emisión y el escaso crecimiento económico de la región.
El último buen año para la demanda europea de gas fue 2010, y desde entonces la demanda total de gas ha caído un 17%. De acuerdo con Fitch ratings la producción nativa de gas en Europa se ha comportado aun peor, cayendo un 18% entre 2006 y 2015, debido una fuerte reducción de la producción británica (del 50%) y más recientemente en Holanda. Mientras la Agencia Internacional de la Energía prevé en su informe 2016 de medio plazo para el gas un incremento de la demanda del combustible de sólo 2% para 2021, mientras en 2015 los precios del gas se han hundido a escala global. Todo parece indicar que los precios del gas en Europa se van a desvincular cada vez más del petróleo y se orientarán hacia los niveles de oferta y demanda pasando a depender de los precios del mercado spot de forma creciente.

Japón ha experimentado la caída más fuerte en los precios del gas con un -46% mientras el precio medio del gas natural licuado de acuerdo con el Banco Mundial cayó desde los 15,5 dólares por millón de unidades térmicas británicas (mmbtu) a finales de 2014 hasta los 8,5 dólares por mmbtu a finales de 2015. La tendencia se ha mantenido en 2016 mientras el indicador para el gas de Platts para Japón y Corea para junio se situaba en los 4,5 dólares por mmbtu. “Cancelaciones y retrasos en los proyectos nuevos para el gas natural licuado y para el gas tradicional son consecuencia de unos precios en sus niveles más bajos en muchos años”, señala Fitch en un informe sobre los precios del sector del gas. Mientras tanto los precios del gas en Europa se desvinculan de forma creciente del petróleo para quedar determinados por el nivel de oferta y demanda.

En este cuadro el aumento del gas natural licuado, por los grandes proyectos en curso que no han sido paralizados especialmente en Estados Unidos y Australia, aseguran un aumento de la provisión de GNL cuyos precios han caído en Asia y el Pacífico. La previsión de los analistas es que haya excedentes de GNL hasta el año 2021. La relación entre demanda y excedentes va a incrementar la competencia especialmente entre los gasoductos rusos y el GNL. “Estas son buenas noticias para los consumidores de gas pero malas noticias para los productores del combustible”, señala Fitch. Esto puede determinar que Gazprom pierda parte de su cuota de mercado o de su margen en Europa en el medio plazo, pero la magnitud del efecto dependerá de la elasticidad de la empresa ante las necesidades de los clientes europeos. Los bajos costes de producción y transporte del gas ruso estimado en 3 dólares por mmbtu y una significativa capacidad de producción ociosa le ayudarán a superar las presiones. El pronóstico de los analistas es que Gazprom va a desvincular aun más el precio del gas del petróleo, será más elástico en las cláusulas de destino que puede llegar a eliminar -que han sido objetadas por la Unión Europea- y reduciendo los volúmenes de los contratos 'take or pay'.

Los intentos en Europa del Este para encontrar gas no convencional hasta ahora han fracasado, mientras un número creciente de países ha prohibido la técnica de la fractura hidráulica y crece la resistencia a este tipo de explotación en la UE. Sin embargo la reducción de la producción de gas en Holanda para disminuir el riesgo de terremotos es difícil de compensar. Noruega lo ha hecho parcialmente con un incremento de 29 bcm, mientras que su propia demanda se ha mantenido plana. Europa no será auto suficiente en gas en el futuro, y menos con la reducción en la inversión en el sector en Reino Unido y Noruega por la caída de los precios del crudo y del gas.

El continente depende de las importaciones de gas para un 50% de su consumo. El 80% de esas importaciones llega por los gasoductos de Rusia y del Norte de África, el resto llega bajo la forma de GNL. La UE tiene como objetivo reducir la dependencia del gas ruso y de los combustibles fósiles y para ello debe incrementar la generación de energía renovable, objetivo en desarrollo, y aumentar las importaciones de otras fuentes. El GNL se ha manifestado como un elemento de competencia importante para el gas vendido por Gazprom. Entretanto la posibilidad de que se incremente la entrada de gas de Egipto y Argelia es limitada.

Argelia mantiene estable su producción de gas, mientras sus exportaciones en 2015 fueron de 16 bcm comparado con 18 bcm un año antes. La reducción en las exportaciones se debe al incremento de la demanda interna de gas en el país. Por su parte Egipto se ha convertido en un importador neto de gas, pese a su producción en aumento. Por su parte la nueva producción de gas en Israel estará destinada esencialmente al mercado interior de Egipto. El Cairo recién tendría operativas para 2021 sus nuevas infraestructuras de gas licuado del gigantesco campo de Zohr operado por un consorcio dirigido por ENI lo que le permitiría atender mejor la demanda interna y dejar un remanente para la exportación. Otros suministros alternativos como el gas de Irán y de Azerbaiyán no son computables en el medio plazo por las necesidades regionales. En este contexto, el pronóstico de precios bajos en el medio plazo parece más que razonable.