Crisis del sistema

Los internautas defienden la economía sumergida y critican un sistema fiscal injusto y no redistributivo

Los expertos hablan de un 40 por ciento más de dinero negro desde que estalló la crisis, mientras la opinión pública desacredita cada vez más al Fisco
ICNr

La economía sumergida se ha convertido en un tema de debate constante a raíz de la crisis. Unos la justifican y otros la demonizan, pero la mayoría varía su opinión en función de quién sea el defraudador. No se aplica la misma vara de medir a las multinacionales que a los pequeños empresarios, aunque el nivel de tolerancia hacia las prácticas de elusión y evasión fiscal cuentan con mejor fama que nunca. El elevadísimo nivel de impuestos del país y la falta de coherencia del gasto público se han convertido en el argumento perfecto para dar al traste con todo tipo de miramiento por parte del contribuyente.

Los expertos hablan, además, de una creciente desigualdad económica, que tiene como punto de origen una injusta distribución de la renta que `fragmenta´ a la sociedad española. Prueba de ello es el aumento exponencial de la pobreza, en un entorno en el que, además, el modelo de protección social no está a la altura de las circunstancias. La opinión pública percibe cómo las ayudas son pocas cuando se trata de proteger a quienes menos tienen -un sector de la sociedad que cada vez es más extenso-, mientras sí se aprueban medidas y `rescates a la banca´. No faltan quienes califican la situación de muchas familias como `tercermundistas´, algo que deja claro que el concepto de justicia social, tan ligado al estado del bienestar, se encuentra hoy en el fondo del cajón.

Pesan, en este contexto, declaraciones como las que lanzó el ministro de Economía y Competitividad, Luis de Guindos, en las que aseguró que hay que las situaciones personales difíciles no justifican recurrir a la economía sumergida. Los ciudadanos no aceptan que el ministro les pida `mentalizarse´ de que la economía sumergida `es mala para todos´ y, ante la necesidad de erradicarla a través de la lucha contra el fraude fiscal y laboral, los internautas proponen una lucha paralela contra la corrupción y la malversación en el sector público.

Con todo, las cifras que se manejan son alarmantes: los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) estiman que la economía sumergida ha subido en 60.000 millones de euros durante la crisis, hasta alcanzar un total de 253.000 millones, de forma que ya supone el 24,6 por ciento del PIB español a cierre de 2012. Es decir, siete puntos porcentuales más que en 2008. El informe, realizado por Gestha y la Universitat Rovira i Virgili, afirma que la economía sumergida no ha dejado de crecer en España desde el estallido de la crisis, pasando de los 193.626 millones, el 17,8 por ciento del PIB de ese año, hasta los citados 253.135 millones de 2012. Así, el peso de la actividad económica irregular con respecto a la economía española se habría elevado en un 40 por ciento desde que comenzó la crisis.

En este sentido, De Guindos apuntó hacia un efecto cierto del problema: la existencia de ésta genera `situaciones de desventaja comparativa´, pues una gran parte de la economía paga sus impuestos y sus cotizaciones a la Seguridad Social, mientras que la otra no lo hace. Del lado de los internautas, si bien esa afirmación resulta innegable, no se trata de la única injusticia con la que toca convivir a los contribuyentes por lo que, ante la duda, se justifica en gran medida el hecho de optar por triquiñuelas fiscales, especialmente si el objetivo es subsistir. Y es que, para los ciudadanos, no es tolerable que el nivel de impuestos llegue a ser tan asfixiante que impida la vida digna de millones de ciudadanos, desprotegidos y desasistidos por el Estado al que, sin embargo, han de contribuir sin demora y sin rebaja.

Por eso, los internautas reclaman ese sistema tributario `con los incentivos correctos´ del que habló De Guindos en la misma ocasión; un sistema que ahora mismo se encuentra muy lejos de ese punto. Ello pasaría por cumplir con el principio de justicia y el de redistribución, dos de los pilares en que se basa –al menos en teoría- el sistema fiscal español, y que parecen olvidados al fondo del cajón. De los distintos colectivos afectados por ese olvido de los principios básicos, uno de los que más ruido provoca es el de los autónomos, que se sienten en muchos casos `engañados´ por la nueva Ley de Emprendedores y que reclaman cotizaciones sociales acordes con sus ingresos. Lo contrario, aseguran muchos lectores, lleva a la economía sumergida, por el simple hecho de que, de otro modo, resulta imposible subsistir y cumplir con el Fisco al mismo tiempo. `Está claro que los agresivos impuestos y las cuotas inasumibles a la Seguridad Social nos están arruinando´, aseguró un lector. `No se puede montar un negocio en España porque el Gobierno te exprime como un limón y terminas arruinado´, comentó otro.

En este contexto, tal y como aseguró un internauta, `el ciudadano inteligente huye del Estado, que sólo le expolia a cambio de vanas problemas de bienestar´. En esta línea, se comentó que los llamados `pobres´ sufren el liberalismo sin las ventajas del liberalismo, `mientras en las altas esferas disfrutan de un socialismo para ricos: ellos nunca quiebran, su deuda y sus pufos nos los comemos los de abajo a base de impuestos para rescatarles. El Estado y todo su tinglado al servicio de los poderosos es lo que debe ser reducido al mínimo; es la única forma de que todos juguemos al mismo juego´.

Tal percepción de los problemas del país da al traste con toda razón por parte del Estado a la hora de exigir más impuestos, y se convierte en motivo de peso para eludir a Hacienda. Todo ello hasta el punto de que, para la opinión pública, `emprendedor y España son palabras incompatibles, porque el Estado lo primero que quiere, y siempre lo consigue, es que les pagues a ellos, y mantener a esta casta de políticos, burócratas, enchufados y demás que se han adueñado de este pais y lo han convertido en su chiringuito´. Con tal percepción, la conclusion es clara: `Que coticen otros´.