OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Los Kirchner hacen de Argentina la ‘cenicienta’ del gas americano y el oasis para el GNL y los planes de YPF

En cinco años pasó de ser único surtidor a Chile y Uruguay a importar el 12% en GNL y depender ahora de sus vecinos
Congela tarifas, evapora un 42% de inversión en un año y un 57% de las reservas desde 2000
YPF gestionará un 25% del gas, la planta de GNL de Bahía Blanca y la futura de Escobar; puede surtir su GNL desde Trinidad
Ana Zarzuela

Traspasa unas líneas rojas que hasta ahora eran cuestión de dignidad nacional para la Casa Rosada. Tiene que lanzarse a la ‘buena vecindad’ gasista y tender la mano donde antes mostraba el puño del repudio. Cristina Fernández ha comenzado a revertir la ‘ley del embudo’ que hace apenas seis años aún le permitía a Argentina surtir a sus vecinos de entre 20 y 40 millones de m3 de gas diarios (justo los que ahora le urgen) y que, hasta 2010 le sirvió al menos para autoabastecerse, aunque fuera cerrando la llave a sus compromisos con Paraguay, Uruguay y Chile. Nada que pueda continuar en un mercado de cristal con precios a la mitad del mercado internacional y tarifas congeladas, ligado al suministro de Bolivia, que pretendía exportar por toda la región. Peor aún: tras un invierno austral en el que las restricciones de suministro rebajaron un 40% la producción a las generadoras eléctricas, ya sabe que ni Bolivia ni la importación de GNL más caro y distante -350 millones de dólares al trimestre- taponan el desabastecimiento argentino. Nada que la presidenta Fernández quiera reeditar a las puertas de las elecciones generales de 2011. Sube a los trenes ajenos, los de las importaciones y los del gas licuado a los que hasta ahora repudiaba. Argentina tendrá que duplicar en cuatro años su perfil de GNL y hacer que el suministro por barco sea en 2012 un 25%. De Vido ‘enfunda’ sus burlas y firma con Uruguay un protocolo para una regasificadora binacional y con Chile un tratado para comprar su GNL. Tras 15.000 millones de dólares de inversión, Quintero le permite triplicar el volumen que antes importaba de Argentina y venderle, cuando opere Mejillones, hasta 20 MMcd.

Por primera vez hay prisas oficiales en la Casa Rosada. Tantas como para que el ministro de planificación y mano derecha de los planes energéticos de Fernández, De Vido, haya tenido que rendir las armas de su diplomacia con Chile y Uruguay y rogar por el gas que hace apenas tres meses negaba entre burlas. Del “Chile sólo es un comprador de Argentina” ha pasado a un acuerdo bilateral sellado a toda máquina hace dos semanas con el ministro Ricardo Raineri y el nacimiento de cuatro comisiones bilaterales que trabajan ya para darle forma a la nueva geografía del gas del Cono Sur. Los Kirchner se equivocaron de baile y ahora aceptan cualquier pareja con gas. A cualquier precio. Pasan de cerrarle las puertas al presidente Mújica a la cooperación conjunta para la regasificadora, a rubricar un plan a cuatro manos con ANCAP y Enarsa -aunque las inversiones aún están en el aire- para procesar hasta 10 mmcd de gas importado en la costa uruguaya, frente a Montevideo y destinar el sobrante al mercado argentino, a través del gasoducto que comparten ya ambos países. Uruguay, después del fracaso del gasoducto Cruz del Sur, respira ya por las dudas hacia Argentina, que en julio, rebajó sus exportaciones al vecino hasta a 190.000 m3 diarios, muy lejos de las necesidades de 300.000 m3 diarios para su tejido industrial.  No quiere esperar más, la licitación internacional llegará antes de diciembre.

Estaba llamada a ser el hub del gas propio y del de Bolivia para toda la región, pero ahora Argentina, atrapada en el ‘corralito’ de sus paradojas gasistas, no sólo importa, más caro y comprará a los vecinos a los que antes surtía, sino que se ata a los gasoductos con los que soñó capilarizar el sur americano: ya no servirán sino para ‘devolverle’ y cobrarle más caros los lazos de su dependencia con Chile, Uruguay y hasta Brasil en el futuro. Sin suministro, el desabastecimiento se salta sus blindajes, la fuga de inversiones alienta el rezago de la producción y las reservas, el gas de Bolivia no será ni barato, ni suficiente. Todos los mapas del nuevo GNL pasan por Repsol YPF: las dos regasificadoras de Argentina y ya la mitad de sus importaciones, el gas que Pdvsa espera venderle desde 2014 a Uruguay, Paraguay y Argentina; la nueva planta de Perú y el gas de Camisea y el gas de Trinidad.

La falta de abastecimiento argentina no es nada que Bolivia pueda seguir solucionando, ni siquiera temporalmente a solas. Los primeros datos extraoficiales aún del informe de reservas gasíferas muestran que se encuentra entre los 9,7 hasta un máximo de 13 trillones de pies cúbicos (TPC), lo que supondría no sólo la pérdida del segundo lugar en el ranking de reservas del Cono Sur, sino más dificultades para cumplir con el compromiso con Brasil hasta 2019 y, sobre todo, con los 7 MMcd comprometidos con Argentina. Ni el acuerdo sellado en abril para forzar suelos mínimos de suministro de YPFB a Brasil y Argentina hasta 2019 y 2016, ni las aspiraciones del gigante estatal de los hidrocarburos bolivianos de ingresar 2.300 millones de dólares en 2010 de esos dos mercados (un 15% más), han podido blindar las garantías del gas boliviano.

YPFB hace malabares para cumplir su esquema de suministro preferente -primero al mercado local, luego a Brasil y en tercer lugar a Argentina- pero ya en el primer mes en vigor de la Adenda sellada con Brasilia y Buenos Aires, sólo la “alta intensidad energética”, según la versión oficial, ha permitido al gas boliviano no empezar a recibir sanciones. Y es que, a La Paz no le salen las cuentas. La propia YPFB reconoce que no tienen capacidad para superar el techo de los 44 millones sin mayores inversiones en nuevos pozos, pero se ha comprometido a un entorno de 44 millones: al menos 30 millones con Brasil, a hacer frente a una demanda del mercado interno que roza ya los 9 millones de m3 por día y a suplir a la argentina Enarsa un mínimo de 5 MMmc/día, hasta que en 2011 llegue a 7 millones. Durante el último trimestre el suministro medio ha estado por debajo de los 5 millones previstos por los acuerdos bilaterales y ya el buque regasificador Excelerate de Bahía Blanca aporta más de un millón de m3 diarios en GNL  por encima de los que importa desde Bolivia (5,69 MMcd frente a 4,92 de promedio), para sorpresa de quienes hace menos de un año juraban que el GNL no podía ser competencia al gas natural boliviano. 

El país que hace apenas un año suplicaba a Brasil la cesión de un poco más de gas boliviano, ahora ya regasifica el 12% de su consumo y, si sus planes se cumplen, en menos de cuatro años tendrá que duplicar su capacidad de gestión del GNL, hasta llegar aun 25% de ‘apellidos’ internacionales a través de buques. A la Casa Rosada se le enredan todos los caminos al gas de Bolivia. Ahora que acaba de comenzar la construcción del gasoducto Juana Azurduy que espera esté viable desde 2011, ya sabe que el Gasoducto del Nordeste (GNEA), al que debería inyectarse, sólo podrá financiarse con un fondo fiduciario con aportes de los usuarios de la red de gas natural que el kirchnerismo intenta promover. Y la falta de certificación de las reservas oficiales bolivianas no ha hecho más que dificultar la licitación y construcción del nuevo gasoducto Bolivia-Argentina, previsto para conducir hasta 27 mmmcd.

FERNÁNDEZ, ATRAPADA EN SU ‘CORRALITO’ DEL GAS

Argentina no sólo dice adiós a su capacidad de autarquía gasista. Ahora, por primera vez reconoce que tendrá que comenzar a importar gas hasta de Chile y será de inmediato, antes de los comicios de 2011. Lo hará además, si Metrogas consigue imponer su criterio, con las condiciones y los calendarios que marquen desde Santiago. La opción de entregar gas chilenos por los gasoductos del norte y recibir envíos locales por el sur para mejorar la situación de la chilena Methanex, la mayor productora de metanol (por cierto, limitada en su producción por el cierre de las importaciones de gas que impuso Néstor Kirchner en su momento), tiene lagunas del lado argentino. Con la producción propia en retroceso, no tendría como cumplir con un canje de suministro, ni siquiera con electricidad (para Chile) a cambio de gas, como preveía entre líneas el acuerdo bilateral. Metrogas y la gerencia de la planta de Quintero y en el futuro la de la regasificadora de Mejillones.

Chile quiere pago en efectivo y lo quiere por adelantado, ahora que a Argentina ya no le importa tener que ponerse en la cola de un GNL a un precio medio de 15 dólares por millón de btu, el doble de lo que estaba pagando por el gas boliviano. Ha hecho músculo en los muros del repudio argentino: durante una década, hasta 2004, recibió una media de 20 mmc diarios de que era su mayor proveedor, pero con las restricciones del ‘vecino’ comenzó a apostar por la diversificación, la importación aún a precios más caros y el GNL, antes que la red de gasoductos soñada desde Buenos Aires y la Paz. Desde la llegada de Fernández a la Casa Rosada, primero Michelle Bachelet y ahora Sebastián Piñera comenzaron a emanciparse del gas argentino, de sus cortes y sus cambios de precios. Ahora, después de 15.000 millones de dólares de inversión en un modelo con gas licuado, la construcción de la que fue la primera planta regasificadora del hemisferio sur americano, Quintero, le permite almacenar y procesar 2,5 millones de toneladas por año de GNL, produciendo 10 mmcd de gas natural en base y 15 mmcd en punta -en breve podrá producir un total de 20 MMC diarios- y triplicar el volumen de gas que importaba hasta ahora. Mejillones, la otra planta, estará pronto en condiciones de hacer lo mismo con 5 mmmcd. En otras palabras, le permitirán a Chile depender sólo del GNL -hasta ahora de Trinidad y Tobago, Malasia e Indonesia y en un futuro próximo hasta de Irak, que ya le ha abierto la puerta- y, más aún, convertirse en exportadora a Argentina y a sus vecinos de Uruguay) y a Paraguay. Como recuerdan en la dirección de Metrogas Chile, el gas argentino tiene un precio muy bajo en su mercado nacional, pero el que exportan está gravado por impuestos asociados tan altos que a sus vecinos no les compensa ya. Las distribuidoras de garrafa excusan la escasez asegurando que las envasadoras optan por vender su producción en Brasil y Paraguay.

Todas las luces rojas del gas se han encendido en la mesa de Cristina Fernández, después de un invierno austral -el segundo consecutivo- en el que ni las importaciones de GNL el triple de caro que el local, ni el nuevo contrato con Bolivia han suficientes para Argentina. Las restricciones de gas a la industria en los meses pasados redujeron un 40% la producción de las 100 primeras empresas, a las generadoras eléctricas y un 35% a las petroquímicas, hasta el punto de que el balance de la combinación de los cortes de gas con una base de comparación más alta produjo en julio una desaceleración de la producción industrial, que pasó del 18 al 8%. Según diversos analistas independientes locales el efecto de los recortes supondrá una rebaja en el PIB de hasta un 0,3%. En el Ministerio de Planificación de Julio de Vido trataron de aterrizar los recelos de los consumidores: los cortes por hasta 16 millones de m3 eran -en su dialéctica- sólo “restricciones controladas” a los grandes productores industriales en Argentina que tienen contratos “interrumpibles”. Pero nada, al mismo tiempo -denuncian las patronales- que no haya mermado en un 42% el gas que requieren para su operación las 100 mayores industrias, que haya reducido la producción de algunos combustibles y acero un 35%, o en algunas siderúrgicas que no pueden reemplazar el gas con gasoil o el fuel oil.

No es nada, sobre todo, que Cristina Fernández, Néstor Kirchner y el conjunto del Partido Justicialista quieren que lastre sus opciones en los comicios de dentro de un año. Por eso, por primera vez, para el ministerio de De Vido, ya no se trata, como en 2008, de culpabilizar a las limitaciones del sistema de distribución y a las distribuidoras (con Gas Natural Ban en cabeza): en la Casa Rosada empiezan a admitir que los problemas, ahora, son de suministro en pozo, de caída de las reservas, de descenso de la producción y de facturas de un mix en el que tiene que desviarse para las centrales térmicas y evitar el otro colapso, el eléctrico. En palabras de Daniel Montamat, ex secretario de Energía, “Argentina se ha comido su principal capital energético, el gas natural. A principio de la década, había reservas por 800.000 millones de m3. Hoy, sólo alcanzan 400.000 millones”. En la mesa del Ejecutivo queman los informes del grupo de los ocho ex ministros de energía y economía de la democracia. Denuncian que Argentina se desangra en subvenciones, desincentiva la inversión de las compañías privadas y ni pagando caro el gas boliviano y los buques de GNL de Trinidad y Qatar -más del triple de los 2,5 dólares por producción local- consigue zafarse de la sombra del desabastecimiento. El intervencionismo, el control de las tarifas, un modelo subvencionado, la carga impositiva y las restricciones sorpresa ahogan a las grandes energéticas, con las gasistas en cabeza en un laberinto en el que la producción local les resulta cada vez más costosa y más desoídas sus peticiones de que el Gobierno abra su acceso al share gas, que permitiría a los productores recibir el doble de lo que cobran ahora.

En los despachos del ministro De Vido empiezan a vislumbrar que no será sostenible por mucho más tiempo un espejismo con energía barata para el consumidor tejido con subsidios, con volúmenes importados de gas al triple de precio en el mercado local, pero que -paradojas del modelo kirchnerista desde la presidencia de Néstor-  con las reservas más bajas de hidrocarburos en 30 años, ha terminado por ahogar a las multinacionales en un laberinto energético jalonado por el intervencionismo, el control de las tarifas, la carga impositiva, los muros de una inflación que el Indec no reconoce y las restricciones regulatorias sorpresa. Según un estudio de otro ex secretario del área, Daniel Montamat, los precios del gas equivalen apenas al 20% del promedio regional e internacional y los de la electricidad a poco más del 30%. Con excepción de los combustibles líquidos, ninguna empresa del sector espera cambios de aquí a las elecciones de 2011. Argentina, con un mix muy ligado a los hidrocarburos (sólo tiene 30Mw de renovables) donde el gas supone el 56% de la matriz, se ha deslizado desde el perfil de  exportador a sus vecinos al de un comprador forzoso de GNL.

Otra cosa serán las soluciones para un modelo que Cristina Fernández no está dispuesta a cambiar más allá del estirón a las costuras del suministro. Para el próximo año los PGE prevén dedicar a subsidios a las tarifas de energía 11.285 millones, un 88% más de lo pautado en 2010, a los que debe sumarse 7.156 millones de pesos para la estatal Enarsa, que carga sobre sus hombros con la importación de gas de Bolivia, ahora la importación de GNL y la inyección para mantener congeladas las tarifas de gas en la red de uso doméstico. No sólo el reciente informe del Centro de Estudios Económicos de la Unión Industrial de Bahía Blanca (CEEUIBB), el que alerta al Ejecutivo argentino de la “creciente dificultad para proveerse de gas natural, debido a las tendencias de la oferta y la demanda del sector”. Sólo entre 2000 y 2007, las reservas cayeron un 51%, hoy sólo serían suficientes para garantizar un horizonte de producción hasta 2018. Y, muy lejos del pico de producción de 2004, cuando Argentina alcanzó un techo de 52 millones de m3, ya en 2009 sólo pudo alcanzar los 48 millones, frente a un consumo creciente por el lado de la demanda, que desde la crisis de 2001 ha remontado hasta superar los 42 millones de metros cúbicos.

Un panorama que la fuga de las inversiones gasistas no revertirá -en 2010 no se ha registrado ni un solo pozo exploratorio- y que, si las previsiones del CEEUIBB se cumplen, derivará en dificultades para cubrir la demanda en pocos años. Ni los blindajes de sus subsidios, ni menos aún el ‘corralito’ de sus precios han ayudado. Argentina tiene previsto importar hasta 14 embarques de GNL este año a través de Bahía Blanca, la mayoría provistos por Repsol YPF y Excelerate. Pero ni un alza del 100% desde 2009 en las provisiones de esa planta, ni los planes para incentivar los gasoductos con Bolivia serán suficientes. Lo que en 2007 comenzó como una operación coyuntural de importación de licuados ha terminado por ser un rasgo crónico de su mix, que el último año supuso compras por 530 millones de dólares y que ha duplicado en sólo 24 meses su nivel de importación.

Si desde el 2008 a 2010 ha pasado del 6% al 12% de importaciones de GNL, los planes oficiales son llegar al 25% y espera duplicar la capacidad de Bahía Blanca (donde YPF regasifica entre 6 y 8 millones de m3  diarios dos dólares más baratos que los de Bolivia, con flete incluido), además de consolidar la planta con YPF en Escobar, que podría llegar hasta a 20 cargamentos anuales de 95.000 m3 de GNL entre 2011 y 2020. YPF, Excelerate y Enarsa ya han firmado un acuerdo preliminar para construir y operar la segunda gran terminal de GNL argentina, con capacidad para inyectar hasta 15 millones de metros cúbicos diarios al sistema desde 2011. La estatal Enarsa pagará la factura del gas, mientras YPF se encargará de la gestión operativa. Bahía y Escobar aceleran sus calendarios, la Casa Rosada quiere tener a punto sus nuevos planes en mayo de 2011, como tarde. Sólo así podría cumplir los nuevos mapas del ministro De Vido, que ahora pasan por cubrir el 25% del consumo nacional con productos de ultramar llegados por barco.

LA DEBILIDAD ARGENTINA SACUDE TODO EL MAPA GASISTA REGIONAL

Bolivia y Argentina estaban llamadas a ocupar el epicentro del gas latinoamericano. Bolivia, con las terceras reservas del continente, daba por hecho su rol de productor preferente. Tenía respaldo de la diplomacia energética caraqueña de Hugo Chávez y una punta de lanza en Argentina. Tanto, que prometían juntos el Gran Gasoducto del Sur como arteria para toda la región. Pero se les ha dado la vuelta un embudo del gas del que los países vecinos escapan para buscar alternativas. Todas pasan por el gas natural licuado (GNL), en la próxima década el Cono Sur triplicará su capacidad y su llave ya no está en manos de Morales y los Kirchner. Las zozobras del gas argentino retumban ya en los muros de sus vecinos. Se lo acaba de recordar a domicilio el presidente uruguayo, José Mújica: Uruguay construirá su planta de regasificación, con o sin la cooperación o los dólares de Buenos Aires. Paradojas de la política energética argentina, según el acuerdo bilateral recién firmado, será Uruguay -que no tiene gas y lo importaba hasta ahora de Bolivia a través de Argentina- el que le venderá GNL a su vecina y acogerá la regasificadora conjunta, que Argentina, a la luz del riesgo país, las dificultades para llamar a la inversión extranjera y para refinanciar proyectos locales en los mercados internacionales de crédito, hasta ahora había preferido no construir. Enarsa -la estatal argentina- ya tiene bastante con asumir a cuatro manos con YPF una segunda regasificadora en Escobar que deberá estar operativa en 2014, en Buenos Aires. Argentina prefiere pasar de brazos de Evo Morales (con un gas el triple de caro que el local) a brazos de Uruguay, pero la planta binacional no llegará hasta 2014, quizá ya con el gas de Pdvsa.

Lo sabe también Chile. Lejos quedan ahora los planes de 1997, cuando Enarsa y Enap se aliaban con el Gasoducto del Pacífico como arteria. Argentina buscó ligar su poderío gasista al consumo chileno con la construcción de siete gasoductos binacionales en apenas una década. En ese entonces, Innergy firmó un contrato de compraventa de gas a largo plazo con YPF, que le permitía recibir hasta tres millones de metros cúbicos de gas diario. En 2004, en pleno invierno, a la región llegó una cantidad máxima de dos millones de metros cúbicos de combustible. Esa fue su cima, porque desde esa fecha la válvula del gas allende los Andes comenzó a cerrarse tanto, que en 2009 por el Gasoducto del Pacífico llegan apenas 200.000 metros cúbicos diarios. En los nuevos mapas energéticos de Santiago y el accionariado de la planta de Quintero se hacen sitio Metrogas y Endesa Chile. Las energéticas españolas estarán, además, presentes en el nuevo terminal de Mejillones.

Bolivia, Argentina y Venezuela pliegan sus aspiraciones para las arterias gasistas de toda la región. Los ductos serán nacionales, lo justo para distribuir el gas local y complementarse con el GNL, como en Chile, en la propia Argentina, o en Perú, que ha empezado a hacerse sitio en una dinámica en la que los productores no quieren arriesgarse en inversiones en infraestructuras costosas, que requieren cuantiosas reservas probadas; tratan de eludir y en la que los centros de consumo latinoamericanos prefieren garantizar suministros constantes y eludir riesgos políticos. Lo más factible es que el gran Gasoducto URUPABOL se llame simplemente Gasoducto URUPA y que Paraguay acabe recibiendo gas venezolano regasificado en Uruguay. La ampliación del Gasoducto Al Altiplano (GAA) de Bolivia aún está en construcción y su aprovechamiento, además, está condicionado a la conclusión del Gasoducto Carrasco-Cochabamba (GCC), que estaba prevista para 2010.

Como explicaba Bernardo Prado Liébana en HidrocarburosBolivia.com, “Obama quiere el petróleo de Lula para olvidarse de Chávez. Lula, de la mano de Petrobrás, está opacando el protagonismo de PDVSA y pronto va a decirle a Morales que ya no necesita el gas boliviano, Kirchner optó por el ¨confiable¨ GNL de Trinidad y Tobago, García duerme tranquilo con Camisea y Perú LNG y Chile, con la planta de regasificación de Quintero y con el plan de Mejillones le dirá adiós para siempre al gas argentino. A Bolivia no le queda más opción que ver desde una platea popular el desfile del cual pudo ser la estrella”. Hasta en los planes estratégicos de Pdvsa comienzan a hacerle caso a los vaticinios de Antoni Brufau durante la 24ª Conferencia Mundial del Gas en Buenos Aires: para los petroleros la estrella del negocio será el GNL, “tiene un horizonte favorable para crecer a más velocidad que los combustibles líquidos” y “aumentará la interdependencia regional”. Bolivia encadena en torno a la estatal YPFB las zozobras de su gas. Como los analistas locales recuerdan, el proceso de diversificación de los que eran sus clientes preferenciales hace que, en tan sólo dos años, el gas boliviano que se exporta a Brasil, a 4,34 dólares por millón de BTU empiece a ser menos competitivo que el GNL que Sao Paulo recibe por otras vías. De hecho, los 1.387 km del Gasoducto de Integración Sureste-Noreste construido desde este año con la previsión de llevar 20 MMmcd de Río a Bahía, la mayoría de gas boliviano, le harán sitio al GNL importado desde varios mercados y si Brasil esperaba haber incrementado con él en 14 millones de m3 por día adicionales sus importaciones, es Petrobrás la que reconoce que ahora vendrán, como GNL, de otros mares. Uruguay, que durante años reivindicó la libertad de acceso al gas boliviano, lo ha puesto ahora a competir con el GNL importado desde Trinidad, Qatar, Asia y quizá, en un futuro no tan lejano, Perú.

AUGE DEL GNL CON NUEVAS LLAVES PARA YPF

Y es que, como advierten los analistas regionales, su propio Triángulo de las Bermudas del gas acabará por engullir las aspiraciones regionales de Argentina y Bolivia en una nueva geometría energética, donde a pesar de los precios -el GNL es en principio más caro que el suministrado en ductos locales y de que sólo supone el 10% del mercado mundial- cada uno de sus socios y de los mercados vecinos busca la llave de su seguridad y su autonomía con él. Esta situación pone a Bolivia, que exporta sólo a través de ductos, en una posición muy distinta de hace cinco años, cuando se proyectaba como el centro de distribución regional. De la gran red que Hugo Chávez y Morales prometían tejer en toda Sudamérica con Argentina como punta de lanza, hoy no queda ni la intención diplomática. Las zozobras de La Paz y Buenos Aires, el pragmatismo de Caracas y los recelos de Brasilia, Santiago y Montevideo han podido más. “La apuesta por un proceso de integración por gasoductos, que tuvo un crecimiento explosivo en la capacidad de transporte internacional incorporada entre 1998 y 2002, de los 19,1 MMmcd a 105,8 MMmcd -advierte la Cámara Boliviana de Hidrocarburos- ha llegado al estancamiento”. Santiago, Buenos Aires y Sao Paulo descartan el anillo de gasoductos regionales con el que soñaron los Kirchner y Alan García.

Hasta el Gobierno venezolano vuelve a mirar a las mayores reservas del gas del continente; se ha dado cuenta de que lo que era inviable por ductos en los mapas de su Gran Gasoducto del Sur puede ser factible en barcos y se ha lanzado a la carrera del GNL, esta vez con su propia bandera. Aún a costa de driblarle sus mercados a Evo Morales, durante el último trimestre, Petróleos de Venezuela ha intentado hacer valer nuevas opciones para su gas natural (principalmente gas no asociado al petróleo en yacimientos costa afuera). “Si no encuentran todo el gas que necesitan en su tierra, en Venezuela está todo el gas uruguayo”, le prometía Chávez a Mújica hace menos de un mes, ahora que Repsol YPF ha incrementado un 30%, hasta los 12 TCF, sus estimaciones del Megcampo Perla. Son los mismos compromisos que ya ha sellado con Cristina Fernández, con la que sostiene aún, aunque latente, un proyecto del terminal de regasificación que ENARSA y PDVSA emprendieron en 2007. Cuando Venezuela exporte GNL, llegará a Brasil y Argentina.

La primera planta de licuefacción de toda Sudamérica -en la que Repsol tiene un 20%-, operativa en Cañete, al sur de Lima, tiene como destino preferente para sus 4,4 millones de toneladas de GNL por año la terminal de Manzanillo en México, pero mientras está a punto para recibir importaciones, se plantea si destinar su producción a Canaport, en Canadá, donde la española tiene el 75% de la sociedad y otro de sus nudos gasistas para el continente. Será, siempre, a través de navíos metaneros de Stream (la sociedad de Gas Natural con Repsol para GNL). Y a pesar de las diferencias diplomáticas y de las líneas rojas impuestas desde el Palacio de Pizarro, es el ejecutivo de Piñera el primero en explorar la posibilidad de exportar parte de ese gas de Camisea al mercado chileno. Una opción que desde el Gobierno de García sólo se aceptaría a cambio de que Santiago invierta en una regasificadora en suelo peruano, o una termoeléctrica a gas en la frontera para abastecer al Sistema Interconectado del Norte Grande de Chile. YPF bifurca los ojos de sus intereses andinos: en una mano, la exterior, el acceso al 20% de los 14,1 TCF (billones de pies cúbicos de gas) que Pluspetrol y sus aliados -Repsol, la estadounidense Hunt Oil y la coreana SK Energy- descuentan en Camisea hasta el final de la vida útil de sus campos en 2047. En la otra, las reservas de 2,5 trillones de pies cúbicos de su bloque 57, con las que desde 2012 nutrirá al mercado nacional. El ariete andino de Brufau suma y sigue en la telaraña del GNL regional para Repsol, la misma que le .garantiza la hegemonía del GNL en Argentina, Perú, Chile y Bolivia, y vía libre a México, Canadá y EEUU.