Observatorio Latinoamericano

Los vaivenes de los Kirchner espantan a las energéticas españolas

Con el incumplimiento de sus promesas tarifarias dejan a Metrogas a los pies de los caballos de la deuda
Envenenan la luz verde al dividendo de Endesa con la guerra de las tarifas eléctricas
Javier Aldecoa

Prometió torniquetes de urgencia para evitar más fugas tras Chevron y conjurar los recelos de las empresas al hilo de los argumentos de YPF. Ha jugado a despejar el descontento que  Repsol, Techint y Petrobras clamaron a los vientos de Wall Street y a opacar la derrota electoral, la crisis del campo y la sombra del default con nuevas ofrendas de paz para las energéticas. Pero de la ‘milonga del paso a dos’, Cristina Fernández se devuelve otra vez al tango arrebatado. Los dividendos de Endesa llegan tres meses tarde, por la puerta de parcialidad y con la ‘propina’ de más inversiones. La Casa Rosada se piensa aún las tarifas gasistas que prometió hace casi un año y ha atrapado la producción y las regalías de YPF en su ‘guerra’ con las provincias petroleras. Estira otra falange de su mano de hierro, o al menos se lo hace ver a las multinacionales eléctricas.

Hay sed de golpes de efecto populistas. Se bebe de nuevo el que iba a ser el ‘bálsamo’ de las tarifas revisadas del gas y de la luz aprobadas hace meses, las que congeló para la galería electoral y vuelve ahora a suspender. Y da marcha atrás en la desgravación por inversión en hidrocarburos. Buenos Aires ha hecho del ‘tango del tarifazo’ con Edesur y Edenorte -paso adelante y paso atrás- la última de las ‘piezas’ de un safari empresarial en el que busca demostraciones de control y promesas de inversiones sobrevenidas. Les muestra la espada de Damocles del Estado sobre sus concesiones. La Casa Rosada estrecha el cerco de la regulación, se lo pone difícil a las exportaciones y no atiende, tarifas en mano, a los costes. Sin el reajuste de precios prometidos -lo recuerdan sus accionistas de Repsol y BG- Metrogas rozará la suspensión del pago de deuda. Las alertas de Techint y de YPF ante la SEC llueven sobre mojado en las alarmas que encendió el informe de ocho ex ministros de Energía argentinos, reunidos para recordarle a los Kirchner que su modelo está al borde del colapso. Las energéticas que operan en Argentina por primera vez buscan una estrategia común, en voz baja no niegan que el “kirchnerismo” se ha convertido ya en la peor de sus crisis. Sólo la resolución del CIADI -el pago del Estado de 172 millones de dólares por la pérdida de valor de Camuzzi Gas Pampeana y Gas del Sur- les recuerda a los Kirchner los límites de sus avanzadillas.

Cristina Fernández desanda las huellas de sus incursiones. Susto o muerte, el ministro de Planificación, Julio De Vido, recupera en público las lanzas de los “errores intencionales” en las facturas de la luz desde junio, viste de ‘capricho’ de las eléctricas -con Endesa al frente- la yenka de sus tarifas y les recuerda las líneas rojas del tablero energético de los Kirchner: el que se mueva no sale en la foto. Si no detienen la facturación, reeditan las facturas -incluso sabiendo que en octubre dará de nuevo marcha atrás, descongelará otra vez la suspensión de las subidas y les volverá a ordenar encarecer las tarifas- y acatan las nuevas órdenes del ENRE, sus concesiones tendrán nuevos apellidos. Con la temporada alta la casa Rosada y el Enre (Ente Regulador de Energía Eléctrica) sangran por las heridas del recuerdo del desabastecimiento. Levantan los baldosines propios y ajenos, en busca de liquidez y actos de fe para inversiones futuras. Agobiado por el peso de los subsidios, el Gobierno descongeló a fines de 2008 las tarifas de luz y gas para los hogares residenciales. Pero menos de un año después, le fallaban las cuentas del populismo. La marcha atrás en su plan de reajuste tarifario y la exclusión de un millón de nuevos hogares (otros 300.000 habían sido ‘tocados por la mano de Kirchner en abril) compensaron la denuncia del Defensor del Pueblo y taponaron en junio el reclamo de inconstitucionalidad. Lo justo para conformarse con vestir de ‘error’ de las eléctricas el alza de las tarifas y con exigirles una nueva facturación en la que el renglón de los “subsidios” estatales no deje espacio a las dudas de su galería de votantes. Avizora ya el día después del invierno austral: necesita nutrir de nuevo las arcas del Estado y ajustar el sudoku del déficit energético. Ha empezado a hacerlo con el señuelo’ de Endesa y Petrobras. Y la letra pequeña de su nuevo marco tarifario- advierten Edesur y Edenorte- se atreverá de nuevo a agitar la sombra de las subidas de la luz en octubre.

En la electricidad, los Kirchner buscan ahora rentabilidad en la guerra con las eléctricas y el repudio al ‘tarifazo’ que apadrinaron en mayo. Ni siquiera las manipuladas estadísticas oficiales disimulan la situación. La demanda eléctrica se ha reducido, incluso según el Indec. Ni siquiera ocurrió en la recesión del efecto tequila, con una caída de cuatro puntos del PBI El amago de emboscada a la participada por Endesa  -Edesur- fue sólo ‘una mancha más para el tigre’, no fue muy diferente a lo que ejecutaron en 2008 con Edelap: a Edesur le exigían reinvertir el 50% de los 53 millones de divisas de dividendos para repartir el resto. Ya en 2008 invirtió 84 millones de euros, casi el doble que en 2007. A Camuzzi (62 millones de pesos), TGS (30 millones), Gas Natural (6 millones) y Distribuidora de Gas Cuyana (8,5 millones) la luz verde al reparto de dividendos entre sus accionistas ya les costó antes de las elecciones una concreción al alza de las inversiones previstas. A Edesur, Edenor y Edelap, intenta compensarles ahora con la luz verde -tras dos años de demora- para cobrar la deuda de 60 millones de dólares por el servicio eléctrico a las villas (barriadas) y los asentamientos del Gran Buenos Aires, a los que -a cambio- suministran sin cortes por impago, como una ‘obligación social’ con la Casa Rosada. Y ahora la Casa Rosada desanda el guiño fiscal que les hizo en julio a  las petroleras, tan sólo uno días después de que YPF anunciara su inversión de 348 millones de dólares (suficiente para que el país mejore en un 18% la refinación y la producción de naftas) decidía incluir la construcción de las plantas refinadoras en el Programa de beneficios impositivos. Eso era antes de la debacle electoral y los apuros del invierno austral.

Dan ganas de salir corriendo de su tablero energético. Se lo han recordado, de nuevo, la patronal y Antoni Brufau, con las urgencias del 45% de Repsol en Metrogas en la mano: si no cumple sus promesas de actualizar la tarifa de distribución, después de una década, la gasista anglo-española caminará sobre el desfiladero del riesgo: no podrá cumplir con sus pagos de deuda, más de 63 millones de deuda sólo hasta 2010. Aunque a diciembre de 2008 la inversión de YPF en Metrogas fue provisionada, si en el segundo semestre de 2009 no se descongela la tarifa, dejará a la empresa al borde de la suspensión de los pagos de la deuda. Lo saben la agencia Moody's, que redujo su calificación crediticia sobre Metrogas a CAA3 y Standard and Poor's, que la bajó a -CCC, a la vista del creciente riesgo y de la depreciación del 22% del peso frente al dólar.

La dependencia del gas foráneo y el final de las exportaciones de GNL a Chile, el descenso de la explotación de crudo, la renuncia a las infraestructuras regionales que soñó y los recortes eléctricos acotan un nuevo ‘corralito’ con las empresas como víctimas y con las tarifas, las limitaciones a las exportaciones de energía, la intervención estatal en las Juntas Directivas de una veintena de empresas –la mitad de ellas energéticas-, o los muros del pago de dividendo como verjas del laberinto. Ni el atractivo de unas reservas que se han dejado caer, ni las concesiones de unas provincias petroleras que disputan tasas y regalías con la Casa Rosada y han visto cómo la explotación y exploración de hidrocarburos se reduce son suficientes para compensar la pérdida de las ‘reservas de la confianza’ de las multinacionales en la ‘energía’ de Argentina. Los Kirchner les han recordado, a sangre y fuego, el peso del marco regulador y de la huella del intervencionismo.

YPF no oculta ya que ni la ‘argentinización’ preventiva, ni la presencia del Grupo Petersen -con un 14, 9% y opción preferente a otro 10% que no ha ejercido- han sido suficiente vacuna ante los ‘daños colaterales’ del ‘efecto Kirchner. La merma productiva, los cortes y la suspensión de regalías por los ‘daños colaterales’ de la guerra entre la Casa Rosada y las provincias le ha costado ya a la petrolera hispano-argentina en lo que va de año una pérdida de más de 2 millones de barriles de crudo y más de  siete millones de dólares que se perdieron de cobrar, tan sólo en Santa Cruz. Ni siquiera la sintonía de Enrique Eskenazi con el matrimonio justicialista ha sobrevivido intacta a los seísmos energéticos y empresariales de Cristina Fernández. Se lo han cantado a los cuatro vientos de la SEC: las brasileñas AESU y Sulgas le reclaman a YPF 756 millones de euros por daños y perjuicios derivados de un corte de gas que, en todo caso, fue impuesto por ley por Argentina como parte de la política de Estado de la Casa Rosada. Con o sin nuevos aliados a bordo, Repsol amansa sus caballos en Argentina: busca la cara de la refinación y afianza la tierra del tango como palanca de su diversificación regional. Endesa peina la calma -y los resultados- y digiere las compensaciones tras la marcha atrás de los Kirchner en el frustrado ‘affaire’Edesur. El cese de pagos le ha abierto las puertas de la Casa Rosada a también TGN, que volvió a postergar hasta el 5 de agosto el plazo para reestructurar su deuda. Sólo el fallo judicial en abril devolvió al congelador de manera temporal la nacionalización de la Transportadora de Gas del Norte), a la que las autoridades le pisan los talones -y las ganas- desde que en diciembre la intervinieron por 120 días tras una cesación de pagos. Ni las promesas de reestructuración de pasivos por parte de la empresa ni los recelos manifiestos de la Cámara Nacional de Apelaciones apuntan a parar los tanques del Estado.

DE AMENAZA EN AMENAZA

Ni Endesa -aunque Edesur ya supera desde el 14 de septiembre el bloqueo a sus dividendos- ni Petrobras, ni Metrogas están solas ante un aviso para navegantes a la patronal energética, que se resiste a las ‘vacunas’ oficiales. Las multinacionales del sector respiran por las mismas heridas que han llevado a la Casa Rosada a imponer directivos en las empresas participadas por la Anses, a pelearle los dividendos a Techint, o a transferirle a la Secretaría de Comercio Interior unas nuevas riendas del mercado de las tarjetas de crédito. Pero el tambor de las amenazas hace eco con más fuerza en el sector energético: en el del gas, el Gobierno extrajo a un millón de clientes de las nuevas tarifas. Y amasa en el limbo del olvido el aumento de las tarifas entre un 10 y un 30% para Metrogas que autorizó hace casi un año. Si llegan -advierte la Casa Rosada ahora- los 11 millones de dólares extras ya no llegarán a las arcas de la gasista: el Estado pondrá de largo con ellos un fondo fiduciario para mantener y expandir la red.

Ni la limitación del voto al 5%, ni la imposibilidad de sumar acciones individuales de las AFJP y la incapacidad estatal -teórica- para nombrar directores han alterado los planes de la Casa Rosada por el atajo de las AFPJ. Los Kirchner se encapricharon, para empezar, del gas y la electricidad, con la llave de la regulación de los sectores estratégicos en una mano y la avidez por el control de las grandes compañías en la otra: han desembarcado en las juntas directivas de Camuzzi Pampeana y Gas Cuyana y han colocado a Simón Dasensich en la Junta de en Endesa Costanera y al sindicalista Bassi en la de Gas Natural Ban y han aterrizado con directivos y síndicos en Siderar, Edenor y EMDERSA, entre casi otra veintena.

MODELO ENERGÉTICO EN ALERTA

No son los ocho ex secretarios de Energía los únicos que advierten a la Casa Rosada: “Argentina tiene un presente decadente en materia productiva y un futuro incierto". Si no hay inversiones en generación y transporte de energía, no será sólo la rentabilidad de las multinacionales y el abastecimiento los que estén en peligro. La producción de crudo disminuye desde 1998 encaminando al país a la importación y  las reservas comprobadas disminuyen tanto en petróleo como en gas natural, sin que se hayan descubierto nuevos yacimientos de tamaño significativo en los últimos 15 años. La política de subsidios a los hidrocarburos impuesta desde el gobierno nacional, que comenzó a importar combustibles caros como el fuel oil y el GNL, contribuyó a que se liquidaran las reservas hidrocarburíferas y disminuyeran las inversiones de las compañías para encontrar nuevos yacimientos: mientras entre 1999 y 2001 se perforaron 48 pozos, en los últimos dos años la cifra no llega ni a la mitad y sólo hay reservas para 11 años. 

Las reservas de gas se han reducido un 43% desde el 2000. Ni la caída del consumo por la reducción de la actividad industrial ni los esfuerzos de Cristina Fernández por fortalecer los lazos del gas y del petróleo con Hugo Chávez a cambio de carne argentina han aminorado el impacto de las zozobras bolivarianas: Bolivia ha reducido sus envíos a la mitad que hace un año (tan sólo un tercio de los 5 millones diarios acordados) y a la planta regasificadora que se prometían Venezuela y los Kirchner ni está ni se la espera, ha corrido la misma suerte que el complejo entre Pdvsa y la estatal argentina Enarsa en la Faja del Orinoco. Santiago, Buenos Aires y Sao Paulo han descartado el anillo de gasoductos regionales con el que soñaron los Kirchner y Alan García. Hasta Lula -con una inversión de 7.000 millones de dólares en plantas gasistas- ha entendido que por las venas energéticas del sur no correrá el gas de Argentina.

Es el único vértice huérfano del triángulo de las Bermudas energéticas del cono sur abocado a importar GNL y a depender de sus vecinos, ahora que Uruguay se prepara para instalar una nueva planta de gas natural licuado en Montevideo y que Chile acaba de estrenar la regasificadora de Quintero y comenzará en diciembre a operar la de Mejillones y que – por primera vez-  ya no necesita más el gas de los Kirchner. Serán los envíos de Trinidad y Tobago -más seguros y un 50% menos costosos- los que nutran las urgencias chilenas. Y los que permitan a la mano de Repsol en Metrogas y a Endesa (a través de su filial local) diversificar gracias a las grietas energéticas de la Casa Rosada.  A medio plazo, serán también los padrinos del tratamiento de choque gasista argentino.

REPSOL Y GAS NATURAL SE SALVAGUARDAN

Como al resto, a YPF cada vez le resulta más rentable la venta de derivados, la reducción de compras a otras petroleras locales que los riesgos de la exploración y la explotación: ha reducido su participación en la producción de petróleo a un 35% del total, cuando en los noventa representaba el 43%. Brufau protege sus almenas australes, lo justo para hacer de ellas un granero para la diversificación regional, más ahora que los resultados del primer trimestre del año  comenzaron, por primera vez, a dejar sitio a la sombra del descenso de beneficios netos: un 58,6% menos que en igual período de 2008. De hecho, aunque anunció en 2008 que pretende destinar al país austral una cuarta parte de las inversiones previstas en su plan estratégico 2008-2012 -unos 7.950 millones de euros de un total de 33.350 millones-, las inversiones ya fueron estos seis meses un 22% más bajas que en 2008,a pesar de que la global se incrementó un 220,2% y ninguno de los 10 “proyectos clave” para el periodo se ubica allí. Una postura que, incluso si el ´default´ llega a las tierras del tango, le permitiría  pasar a resguardo la tormenta y seguir esperando. Con, o sin nuevos socios. A la vista de ese horizonte, Repsol se refuerza en Perú, es uno de los principales operadores del sector, con de más de 230 estaciones de servicio distribuida en casi todo el país, dueño de la Refinería de La Pampilla, la instalación de refino más importante y líder en el mercado de GLP; Reacomoda sus alfiles en Brasil, los pone bajo cubierto en Ecuador y Bolivia y hasta se atreve con las primeras licitaciones para la exploración en la plataforma continental uruguaya, de la mano de la estatal Ancap. Todo con tal de reducir riesgos, diversificar la producción y reponerse de la pérdida de reservas latinoamericanas -un 25% en dos años.

Gas Natural se pone a cubierto. La presencia del enviado estatal en GN Ban llegó en abril, para los de Salvador Gabarró. Pero con el 50,4% de las acciones en las riendas de la española, ni el control ni la estrategia se cuestionan. Y eso no tiene capacidad de erosionarlo el Gobierno argentino al que, hasta ahora, la compañía presidida por Salvador Gabarró -presente en Argentina desde 1992, con cerca de 1.380.000 clientes y responsable de la distribución de gas natural en la provincia de Buenos Aires Norte- ha sabido encontrarle el ritmo y despejar el camino a revisiones tarifarias en 2007 y septiembre de 2008 y un contrato prorrogado hasta 2027. Para Gas Natural, la respuesta pasaba por la ‘argentinización’ que a Antoni Brufau le funcionó con Eskenazi en YPF.  La venta del 19,6% de Gas Natural BAN el pasado trimestre le ha permitido hacerse con un tentetieso argentino ahora que el Estado desembarca  en la gasista por la puerta de las pensiones y responder al desafío de Gazprom en la construcción del Gasoducto del Noreste. Ahora promete no levantar el acelerador de las inversiones, pero mira a México y Brasil y mueve sus fichas argentinas para diversificar y rebajar la exposición a los vaivenes de los Kirchner.