Excesivo –y sospechoso- intervencionismo del BCE

Los proveedores de capital se plantean un cambio continental de bancos para asegurar dividendos

Los accionistas temen que el control legislativo puntual de los dividendos se convierta en crónico, pues todo indica, además, que la batalla de fondo es más amplia, como lo demuestra que se cuestionan también las retribuciones variables o bonus
Juan José González
El Banco Central Europeo le ha cogido el gusto al "decreto", a la orden supervisora, a la prohibición, en este caso, de distribuir el beneficio que obtienen las entidades bancarias de la Eurozona. Distribución que afecta directamente al pago de dividendos bancarios, una primera incomprensión si se tiene en cuenta, como ya apuntara José María Roldán, presidente de la Asociación Española de Banca (AEB) que la banca "no puede ser la única industria que no pueda pagar dividendo", medida "asimétrica" en boca del consejero delegado de Santander, Antonio Álvarez, una solución un tanto radical "limitación a cero" como la califica Gonzalo Gortázar, consejero delegado de Caixabank. Sea como fuere, lo que está claro es que es una medida polémica, legalmente discutible y hasta recurrible por cuando suponga la limitación, mediante intervención administrativa, de un derecho establecido como es la percepción de una remuneración por un capital. Pero quizá sea el argumento del agravio comparativo ( en este caso competitivo) el que viene considerando y preocupando más a los gestores bancarios en la medida en que supone una salida, la huida, el cambio o la baja de los proveedores de capital que, obviamente, buscarían otros caladeros más seguros para su capital, caladeros que les garantizasen un retorno, un dividendo. Porque la prohibición es un elemento grave de discriminación, de agravio comparativo con otras entidades competidoras que no estén reguladas por la normativa europea.
Una prolongación de la prohibición del pago de dividendos continuada como la que se pretende ahora hasta las primeras semanas, meses o se supone que al término del primer trimestre, es una restricción que provocará la salida, el cambio, de un buen número de inversores grandes, fondos de inversión y multitud de pequeños ahorradores que basan su actividad, los primeros, y sus ingresos vitales, los segundos, en la percepción de dividendos.

Por otro lado, según reflexión de un banquero que acaba de rendir cuentas, las acciones "son la chispa de vida de muchas cosas en banca y en la economía, en el consumo... etc. son una de las bases del sistema". Es por esto que las reacciones son generalizadas, con la indiferencia meditada y calculada de alguna entidad que prefiere retener y capitalizar, dada su comprometida posición en solvencia. Con todo, y además de la suma larga de reacciones en contra de la prohibición, es la sensación cada vez más acusada del sector bancario de que la intervención de la economía por parte de los poderes públicos, se está convirtiendo en norma, en comportamiento recurrente de los Gobiernos con la justificación del "estado de necesidad" que se basa en la crisis, la pandemia y los futuros riesgos de la economía. 

Riesgos que, por otro lado, parecen estar cubiertos con los algo más de 390.000 millones de provisiones efectuadas por la banca de la Eurozona desde el comienzo de la pandemia, lo que debería servir para serenar los temores del supervisor europeo. Es este comportamiento recurrente de intervención de los poderes ejecutivos y legislativos del que parecen haberse contagiado los supervisores de los mercados y de las entidades financieras, siendo fruto del mismo comportamiento la prohibición expresa y específica (a partir de octubre) de la distribución del beneficio, o pago de dividendos.

Otras consideraciones en contra de la intervención gubernamental en la economía y en la estructura del sistema bancario por parte del supervisor bancario central serían las relacionadas con el prolongado castigo que viene soportando los inversores y accionistas bancarios en la última década, período en el que, además de recortes de dividendos han recibido un fuerte varapalo en la valoración de sus acciones, dado que sus cotizaciones bursátiles no parecen haberse recuperado desde la crisis de 2008.

A propósito de la prohibición o intervención del BCE en la política de distribución del beneficio bancario, hay que recordar que la medida, aunque puntual, procede de una activa campaña de algunos diputados del Parlamento Europeo que desde hace algún tiempo vienen propiciando el aumento de la intervención del BCE y de los Gobiernos europeos no sólo respecto a la distribución de beneficios sino también de otros pagos que realiza el sector en concepto de retribuciones variables o bonus. Es decir, no se trata sólo de los dividendos.