Escasa preocupación de la sociedad

Los reguladores se rasgan las vestiduras ante los casos de corrupción empresarial

A pesar de la fortaleza de la vigilancia, la ausencia de procesos sancionadores deja en evidencia la actuación de los supervisores y reguladores de los mercados
Juan José González
Parece haberse convertido en la postura oficial de las autoridades ante los casos de corrupción empresarial o irregularidades ligados a la corrupción que se vienen conociendo en los últimos tiempos, de hace unos años hasta la actualidad. La postura consiste en condenar, rechazar y criticar con fuerza los comportamientos irregulares que en la actualidad son analizados por la Justicia española. Lo cierto es que prácticas y casos de espionaje, seguimientos y demás se han convertido en noticia en los últimos años con excesiva habitualidad. No sólo destacan en este apartado los ya conocidos de OHL, ACS, Isolux, Indra... como los financieros del Popular, Bankia y ahora el que se considera `vivo´ en la Justicia de BBVA. Casos que afectan a empresas cotizadas, con intereses de miles de accionistas, institucionales pero también particulares, ahorradores que tienen depositada su confianza en estas sociedades y que de repente, un buen día, pueden leer en las primeras páginas de los medios su implicación en un escándalo de corrupción o de conductas irregulares. En cualquier caso, sólo hay que comprobar la actuación de algunos supervisores y de organizaciones empresariales en estos episodios señalados de corrupción (en algunos, presunta) y de prácticas irregulares para afirmar que las autoridades reguladoras, los supervisores y otras asociaciones privadas se rasgan las vestiduras.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores ha querido desentenderse de esta especie de nueva oleada de comportamientos irregulares societarios saliendo al paso con una advertencia pública por el goteo de imputaciones y acusaciones a grandes empresas cotizadas. El caso Villarejo-BBVA, en plena efervescencia mediática obligó al supervisor bursátil a salir de su letargo y enviar un mensaje dirigido, básicamente, a los consejos de administración de las empresas, un comunicado que al ser el primero de esta institución en este largo capítulo de prácticas presuntamente (y no tan presuntamente) irregulares, ha sorprendido en distintos medios, uno de ellos, el propio de las sociedades implicadas.

En cualquier caso, llama la atención que el regulador y supervisor de los mercados no haya iniciado un proceso para proponer sanciones a varias compañías implicadas en las prácticas irregulares, al menos, o tan sólo, por fallos en la comunicación que, precisamente, reconoce el propio regulador. En este sentido, y atendiendo a opiniones jurídicas en privado se puede afirmar que la actividad del regulador y supervisor bursátil en el apartado de sanciones se puede resumir en los apenas nueve expedientes por incumplimiento de información en los tres últimos ejercicios, y que como consecuencia de los cuales ninguno ha terminado con sanción. 

Se diría por tanto, que la actividad irregular en algunas prácticas societarias cuenta con un cierto grado de permisividad, extremo este que es negado con enérgica actitud cuando se pregunta a otro supervisor del mercado y a otras organizaciones del sector empresarial. Unas y otras, si bien coinciden en rechazar las prácticas irregulares en las sociedades, y en concreto, en referencia a la más reciente que investigan los tribunales, del BBVA, advierten que los cambios regulatorios de los últimos años, (y alguna modificación más reciente) pueden servir para proteger al consumidor, al accionista y ahorrador en cuanto a su personalidad individual, pero no parecen ser decisivas para corregir conductas societarias que, como demuestra la práctica, continúan siendo tónica habitual.

En este sentido, sorprende la actitud adoptada por reguladores, supervisores de los mercados, autoridades y organizaciones empresariales frente a las cuestiones que implican a varios de sus representados, supervisados y miembros de las asociaciones en este tipo de conductas irregulares, seguimientos, espionajes, filtraciones interesadas y numerosos casos de información insuficiente o defectuosa. Una actitud que en la práctica supone pasarse la pelota de un tejado a otro, o de rasgarse las vestiduras y señalar defectos normativos o carencias de supervisión. Pero nunca reconocimiento de actuaciones irregulares ni prácticas de mal gobierno corporativo.

Es probable que al amparo de la inexistencia de normas concretas, de legislación más `fina´ al respecto, se estén produciendo conductas que no son ilícitas (puesto que no existe norma concreta) en actividades empresariales típicas, así como en áreas alrededor de las mismas, caso de la auditoría de las cuentas. Recordar en este sentido algunos casos recientes que han trascendido a la historia empresarial y económica para convertirse en hitos que marcaron una crisis mundial (Enron) así como otros sectoriales también de ámbito mundial (Volkswagen). A pesar de que algunos de los comportamientos societarios locales no tienen la entidad de los señalados, si cabe destacar que se mantiene como denominador común la ausencia de sanción, a pesar de que insiste en la fortaleza de la vigilancia y de la supervisión, pero que, visto lo visto, quedan en evidencia.