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¡Militantes a la junta!

Si el Psoe fuera una empresa cotizada, con muchos accionistas (militantes) y muchos clientes (votantes) y estuviera dirigida por un grupo de directivos, ejecutivos delegados por un consejo de administración, es probable que el secretario general Sánchez (consejero delegado) estuviera en la cuerda floja y la cotización en mínimos.

Salvadas las distancias entre lo político y lo societario, y haciendo abstracción de regulaciones, el parangón entre ambos debería servir para que el consejo de administración del Psoe agradeciera a su consejero delegado los servicios prestados, al tiempo que recomendado para dirigir la fundación de la empresa.

Sin embargo, no siempre lo razonable coincide con lo recomendable que, en este caso, no es, sino la necesidad de tomar medidas y adoptar decisiones con carácter de urgencia. Porque se trata de bloquear la deriva de un consejero delegado que, como el secretario general del partido, recurre a la masa social, a los empleados y accionistas para, mediante movilización, frenar la decisión del consejo.

Pero resulta que el militante y los empleados son, para el caso, los accionistas del partido -como una cooperativa política-. Así las cosas, convertidos por obra del consejero delegado -secretario general- los militantes en accionistas, estos deberán pronunciarse en junta general si desean o no a Sánchez y además que explique las cuentas, es decir, responsabilidades.