Qué bien silba Elvira Rodríguez

Alfonso Pajuelo
A veces cuesta trabajo distinguir entre el error simple y el forzado. Otras veces da la impresión de que no existe ni lo uno ni lo otro y todo se reduce a pura desvergüenza. Hay muchas formas de corrupción y una de ellas es disfrazar de ineficacia o incluso de desidia una deficiente actuación que beneficia claramente al malhechor. Puede que no sea nada de esto pero cuesta trabajo pensar de otra manera. Jaime Botín se ha librado de una cuantiosísima sanción por prescripción, o sea, por sobrepasar el tiempo de tramitación. La CNMV es la culpable y su presidenta debe presentar inmediatamente su dimisión y el ministro de Economía dar las pertinentes explicaciones y puede que algo más.

Jaime Botín estaba acusado de ocultar durante ocho años que la familia poseía casi un 8% de Bankinter a través de una fundación. En juego estaba un expediente que proponía una sanción de 700.000 euros. Ese dinero hubiera pertenecido a todos, o sea entraría a forma parte de las arcas públicas. Y no ha sido así por decisión de la Audiencia Nacional, según publica El País, al estimar sobrepasado en más de cinco meses el plazo de tramitación.


Es decir, hay un perjuicio de 700.000 euros y Jaime Botín se va de rositas. Esta familia, los Botín, parece que tienen mucha “suerte” en sus avatares judiciales.