Rebelión en la granja

Rafael Vidal
Anda quemado, pero que muy quemado, el ministro de Economía con el nombramiento del presidente de la AEB, la patronal bancaria. El elegido ha sido hasta hace nada el encargado de supervisar el sector desde el Banco de España y, a juzgar por como están las cosas, no lo debió hacer muy bien, pero eso a los banqueros no parece importarles.

Tal vez, la banca haya decidido que alguien que conoce el sector desde las intimidades de la supervisión sea la persona más idónea para guiarle en lo que está por venir, a saber, las famosas pruebas de estrés al sector por parte de las autoridades europeas y que, hasta el día de hoy, han sido como una partida de cartas en las que todos los naipes estaban marcados.

No anda descaminada la banca, y sí lo está el ministro, en cuanto conocemos de las reglas del juego de las pruebas de estrés, que ya han tenido sus más y sus menos en la fase previa, en la que las presiones políticas -de los políticos de turno- han estado en la orden del día.

Hasta ahora, sabemos que todos los países están presionando para conseguir que sus bancos no salgan malparados de las pruebas y, también, sabemos que el BCE se juega su futuro en esta apuesta. Alguien ha dicho que estas pruebas no tendrán credibilidad a menos que haya suspensos y, conociendo el funcionamiento de la UE hasta ahora, es fácil que las calabazas las tengan los países menos importantes o los que estén menos avisados de lo que se les viene encima. Ya lo dijo Orwell: "todos somos iguales, pero unos más que otros".