El dividendo, asignatura pendiente de Botín
Ana Patricia Botín, presidenta de Banco Santander

Los beneficios del Santander no llegan a los accionistas

Resultados triunfalistas que no compensan la dilución de las ampliaciones de capital mientras el accionista espera valor
Juan José González
Los resultados empresariales de las grandes compañías del Ibex 35 correspondientes al primer semestre del año, muestran una clara recuperación en sus rúbricas principales. Telefónica, Iberdrola, Repsol, Santander, Endesa, son ejemplos que confirman la recuperación de la economía y, por tanto, el escenario general, aunque susceptible de mejorar en los próximos meses, se mantiene a la espera de una consolidación que debe llegar en el segundo semestre del año. En todo caso, el mensaje de la recuperación de los resultados, el regreso al crecimiento de dos dígitos en los beneficios, además de transmitir la buena salud empresarial y la gestión acertada de los equipos directivos, debería tener en cuenta que el beneficio se debe reflejar lo más rápidamente posible en el valor de la acción, no sólo por la vía de una mejora en la cotización bursátil, como corresponde a una valoración objetiva del mercado, sino también y sobre todo a la decisión empresarial de volcar la recuperación del beneficio en el dividendo. El Santander no opina lo mismo.
Hoy la mayoría de los titulares, opiniones y expertos, destacan la explosión de los resultados, la recuperación del beneficio y la buena salud en la mayoría de las compañías cotizadas en el selectivo bursátil español. Los resultados, sobre todo los buenos, son la mejor publicidad y el marketing directo más eficaz que puede realizar cualquier compañía. Pero son datos y cifras de gran interés, en primer lugar para la propia empresa. No son sin embargo, lo que más importa y esperan los accionistas, los inversores. A estos les interesa la proporción y los céntimos en que ese buen resultado semestral se refleja, recoge y traslada a cada una de las acciones.

Y en el caso del Banco Santander, si bien los resultados han ido viento en popa, los dividendos, la rentabilidad de la acción Santander, parece no haber recibido, ni estar recibiendo, su parte de mejoría. Los accionistas del banco, en número superior a los tres millones, no han aceptado los razonamientos de la presidenta Ana Patricia Botín sobre la reducción del dividendo, nada menos que un 66%. Siguen pensando que la dilución del valor de la acción, motivada por las continuas ampliaciones de capital para atender el dividendo flexible, en sustitución del efectivo, ha devaluado, y también, desprestigiado la acción del Santander. Tan sólo debería recordar la presidenta algunas de las opiniones de los inversores, pequeños ahorradores, jubilados, como también otros fondos de inversión y grandes patrimonios, en su debut en la primera junta extraordinaria en Santander. Opiniones que deberían motivar una reflexión sobre el valor que bajo su mandato está aportando a los accionistas.

Los números son sencillos: los accionistas han echado cuentas y han comprobado que a un incremento del beneficio neto, con un número mayor de acciones, el beneficio por acción se ha reducido. Es cierto que en los últimos años, los beneficios de las empresas cotizadas en el selectivo español, no siempre se han asociado a un aumento equivalente en el beneficio por acción. En todo caso, el beneficio por acción sigue sin recoger, o beneficiarse, valga la repetición, del beneficio que presenta, en este caso, el Banco Santander.

Algunos cálculos estiman que a un aumento del 20% en el beneficio neto de una empresa, combinado con un 25% de aumento en el número de acciones en circulación, tiene como resultado una caída del beneficio por acción. Al contrario, para subir el beneficio por acción con un menor aumento del beneficio neto, sólo basta reducir el número de títulos en circulación. No sería este último el caso de Santander. Pero sí son el caso las ampliaciones de capital dirigidas a fortalecer los recursos propios, en concreto, la sustitución del pago en metálico del dividendo por acciones de nueva emisión. Si bien es cierto que las operaciones llevadas a cabo por el Santander parecen responder a un sentido estratégico, la dilución del beneficio por acción para los accionistas es incontestable.

Lo cierto es que el dedo pulgar en vertical de la presidenta de Santander, exhibido para la ocasión, aunque sea tan sólo una cuestión de imagen, debería servir también como gesto de confirmación y consuelo de los accionistas del regreso al dividendo de 0,60 euros impuesto por el patriarca ausente. Un beneficio ordinario de 3.426 millones, un 24% más en el semestre, que incluyendo plusvalías sería de 4.261 millones, un 55% más, da para anunciar la recuperación del dividendo, de los 0,60 euros.

Porque está claro que la discordancia entre la reducción del dividendo en un 66%, en el breve mandato de la actual presidenta, y el beneficio ordinario que sube un 24% en la primera parte del año, debería tener un reflejo en el mayor valor para el accionista que según subraya la entidad es al que se debe. Salvo que el excedente del que ahora presume la entidad ya esté asignado a tapar otros agujeros y a prevenir algún fiasco futuro. Aunque debe recordar que su asignatura pendiente con los accionistas es responder con el beneficio por acción, con un buen dividendo. El accionista quiere más valor: están bien los resultados del banco, está bien exigir a la organización que haga todo lo posible y más por aumentar las ganancias, pero no debe ser suficiente.