Telefónica “too much”

J.J. González

Día de ventas. Así lo han decidido los mercados, escépticos y con escasa confianza en el presente, y menos en el futuro. Todo seguirá igual hasta la próxima etapa, en Washington, en el G 20+1, de donde se espera que salgan decisiones de calado.

Con la que está cayendo y el sistema ha alumbrado un nuevo banco, con nombre de tarjeta vip pero que ha conocido recientemente, como casi nadie, los sabores de la quiebra. Nace en un ambiente en el que ni el mismísimo Drácula se sentiría tranquilo. El parqué neoyorquino necesitaba sangre, y en cantidad, así es que nada más encender la luz, los “batas negras” se liaron a sacar papel; vender, vender… Y dicen vender porque una vez pasada la destripadora por el sector financiero, le toca ahora a la de maquinaria más pesada, la automoción, y claro, que un tal Paul Samuelson, todo un neoclásico en economía, se atreva a decir que “hay que dejar quebrar a las automovilísticas” causa escalofrío, porque se estaba refiriendo a General Motors, Ford y Chrysler, sobre todo a la primera que se dispone a cortar 5.000 empleos, lo que equivale a ponerse al mismo nivel que en el año 1940.

Precisamente de la primera se habla que vale cero que ha solicitado auxilio en Alemania y en medio mundo porque hasta diciembre tiene dinero, pero después Dios dirá. Pudimos comprobar con que pasión volaban las papeletas del coloso del motor nada más abrir Wall Street; perdió en los primeros seis segundos un 6,46%. Y así, no hay quien aguante. Por si fuera poco, un equipo de cuatro economistas, ex S&P, les dio por decir que según sus cálculos, las empresas que forman el índice S&P 500 pueden bajar sus resultados en un 17% de promedio. Y la sangre llegó al río, porque no hay cosa que los inversores norteamericanos lleven peor que los malos pronósticos empresariales, sobre todo cuando se trata de reducción de beneficios porque, entre otros males, deberán recortar dividendos.

Sin “salir del extranjero”, el mercado español cuenta con una buena noticia: Telefónica se ha convertido en la primera compañía “teleco” europea por capitalización. Vale 71.000 millones de euros, como para hacerle una OPA. Aún no ha recibido la felicitación de su competidor y enemigo Vodafone, pero se espera que esto ocurra en las próximas horas. Coincidiendo con la efeméride, la nada sospechosa casa de análisis HSBC “felicitaba” a la “teleco” española con una recomendación negativa. En fin.

En el mercado doméstico, varapalo para las empresas de medios de comunicación. Prisa, presa de sus ambiciones de precios y enfangada por su cada día mayor deuda, no remata la operación más esperada de los últimos tiempos. A este ritmo, Vocento perderá todo el interés del público y de los accionistas, que hoy tuvieron que encajar una bajada descomunal en su beneficio operativo de nada menos que del 92% en los nueve primeros meses. Eso sí, la contabilidad y la comunicación de los resultados, si leemos la noticia en ABC, presenta otra imagen, con mayor producto facial: 73,7 millones de euros de beneficio, un 8% más que en el mismo período del año anterior.

La crisis sigue su camino, no se puede decir que lento, y toca a diestro y siniestro. Si los resultados empresariales están marcando la pauta de actuación para muchos inversores, los del sector turístico no son menos. En Sol Meliá anunciaban hoy una caída del beneficios del 42% y en NH ponían las barbas a remojar. El secretario de Estado de Turismo, Joan Mesquida, confirmó lo que ya se estimaba en el sector; este año no vendrán 60 millones de turistas a España, así que, a bajar precios, o a agudizar, como dice su ministro, imaginativos en turismo porque si no nos quedaremos en la misma cifra de turistas del año pasado. Sol Meliá y NH, hablan en las últimas semanas de estrategias conjuntas, no se sabe para qué.

El mercado, al que consideramos como un intangible pero no como insensible, parece querer comunicar algo. Los operadores y los inversores llevan 24 horas haciendo su particular lectura de la ampliación de capital de nuestro coloso financiero, del Santander. Y miran hacia el resto de bancos, como queriendo dar a entender que por qué no hacen algo parecido, que es muy posible que lo necesiten en el futuro, no este año, pero sí el próximo. A los inversores les preocupan los dividendos; los de este año están asegurados pero, ¿y los del ejercicio que viene? Como ya comentábamos en nuestra primera edición, “No amplía quien quiere sino quien puede”, pero hay otras fórmulas. Pues en esas estamos.